Por David Sánchez López
Con una gran variedad de
historias, anécdotas y hasta chismes que contar, el “cavaré con ángel”
abre sus puertas en Londres 161, entre antigüedades, estatuas de bronce, y
arte sacro de la Plaza del Ángel, remarcando la clandestinidad en la que vive
aún la comunidad LGBT en el país.
El número del local es el
20-A, aunque pocos lo saben. Más bien, sólo hay que dejarse guiar por los
cuerpos, las voces y el contoneo de quienes decidieron salir a divertirse.
Desde los aparadores de
Divine Smile o entre los extravagantes y exclusivos vestidos de Mitzy (con las
respectivas fotografías de Thalía luciendo su vestido de novia), los
ángeles del cabaret empiezan a caer alrededor de las 20:00 horas. Muchos
recuerdan los viejos tiempos de las tardeadas en El Antro con los muchos
jovencititos dispuestos a reventarse, ligar y hasta fajar desde tempranas
horas de la tarde; ahora sólo queda esperar a que la noche caiga para poder
disfrutar de las bondades de la fiesta.
Al llegar a las escaleras, la
música comienza a escucharse, una canción de Thalía, otra de Fey y una mas
de Paulina, persuaden a los indecisos para entrar. Entre los escalones que
giran casi a manera de caracol se encuentran algunos: unos platicando y quizá
esperando a alguien, y otros dejándose llevar por los impulsos y la falta de
vigilancia. El morbo ya es ajeno y pese a que las miradas confluyen entre
ellos y ellas, ya no importa a quienes ahí se besan, abrazan y disfrutan del
cuerpo.
En el interior “nada tiene
de especial dos mujeres que se dan la mano” y aunque “el cielo no entiende
de este amor”, “a quién le importa lo que yo haga”. Al menos así dicen
algunas canciones que describen a la perfección el ambiente que se vive en
Cabaré-Tito, sin olvidar el baile casi sensual y muchas veces afeminado de
los presentes.
Para los asiduos visitantes,
la remodelación de las instalaciones no modificó su gusto por el lugar, pero
quienes asisten por primera vez gozan de luces y estorbos por todas partes,
ocho televisiones del lado izquierdo con proyecciones de videos, una barra
frente a la pista para los curiosos que observan a los que bailan y mesas
distribuidas por todo el lugar.
Alrededor de la madrugada,
dependiendo del día de visita, aparecen los esculturales torsos de lavadero
de los stripers y los siempre utilizados shows travestíes, transformando el
ambiente del antro en un paraíso celestial.
Y es que en el fondo de la
pista, entre las sombras que se contorsionan y el humo, un gran letrero de
color negro bajo fondo azul con el nombre del cabaret ha sustituido las
pinturas de los ángeles que en otros tiempos adornaban.
Ahora pareciera que los
ángeles son los asistentes, con sus esbeltos cuerpos, los finos rostros y la
apariencia siempre a la moda; casi un deleite para la pupila. Aunque muchos
van acompañados, en grupo o con sus parejas, nunca falta la oportunidad para
tener el tan esperado ligue del fin de semana.
Éste puede ocurrir cuando
menos se espera, pues tras varias horas de estar disfrutando un rato ameno,
alguno de los varios meseros de ajustadas playeras puede acercarse a uno y
ofrecerle una bebida de parte de alguien más, señalando al interesado; si es
un ángel puede ser aceptado, pero si es un sujeto poco interesante entonces
la opción es desechada.
Quizá en otra ocasión se
dé la oportunidad para hacer “clic” con alguien, pues siempre puede ser
una grata experiencia el regresar a divertirse con los amigos o solo. Nunca
está de más darse una vuelta por el escondido antro de y para los ángeles,
pues una vez dentro, todo puede pasar. (anodis)