A 25 años de existencia, el
movimiento Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero y Travesti (LGBT)
de nuestro país está viviendo una transformación interna y un reacomodo de
fuerzas, con la reciente integración de nuevos elementos, así como con una
apertura cada vez más amplia de la diversidad sexual en la vida nacional.
Por eso, hoy más que nunca
se requiere de la U-N-I-D-A-D, de la participación y de la solidaridad de
todos los sectores que la integran: las asociaciones civiles, los grupos, los
negocios, los bares, los artistas, los líderes de opinión y todas las
personas en lo individual.
Tenemos que ser mucho más
conciliadores en el debate interno, respetuosos de las discrepancias, humildes
para la autocrítica y flexibles para la negociación. No abaratemos el nivel
del diálogo y la concertación al interior del movimiento con rumores,
desprestigio, calumnias y rencillas añejas. No nos llevemos entre las patas
los logros y avances de los últimos años.
Hay que retomar la
combatividad de los activistas veteranos para abrir un mayor número de
espacios en los medios de comunicación, en los partidos políticos, en la
sociedad en general. Pero también debemos enriquecer la lucha con la
aportación de las nuevas generaciones. Escuchemos, dejemos hablar a los
demás.
A pesar de los 25 años de
lucha, todavía existe mucho trabajo por hacer. Aún siguen asesinando y
agrediendo a homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, travestis y
transgéneros en todo el territorio nacional. También tenemos que erradicar
vicios y problemas encarnados en nuestra sociedad e incluso en la comunidad,
como el machismo, la misoginia, el maltrato, la homofobia y la violencia.
Recordemos que nadie es
dueño del movimiento LGBT, así que cada quien tenemos la libertad de
participar en cualquier grupo, de votar por cualquier partido político, de
asistir al antro de nuestro mayor agrado, de desarrollar el proyecto en el que
creamos, de leer el libro que más nos interese, de decidir en lo individual
como queremos vivir nuestra orientación e identidad sexual.
Aprovechemos el 25
aniversario de la marcha del orgullo LGBT para celebrar una lucha que debe
continuar, pero también para reflexionar lo que hemos hecho, lo que estamos
haciendo y lo que debemos hacer para consolidar un movimiento sólido, fuerte,
dinámico y participativo, capaz de ser tomado en cuenta en la vida nacional.