MONTREAL,
SEDE DE OLIMPIADAS GAY EN 2006
Por Alberto Gonze
Con tres años de
anticipación, ya comenzaron los preparativos para la realización de los
Juegos Gay de 2006, cuya sede será la ciudad canadiense de Montreal, una de
las urbes más antiguas de América del Norte, con una población aproximada
de 3.5 millones de habitantes en su área metropolitana.
Cosmopolita por excelencia,
la comunidad lésbico-gay ha hecho de Montreal uno de sus destinos favoritos
del mundo, debido en gran parte a la gran hospitalidad de sus habitantes.
Considerada el segundo centro urbano de Canadá, los idiomas oficiales de
Montreal son el inglés y el francés.
La elegante armonía
arquitectónica de la ciudad une lo histórico y lo moderno, creando así una
personalidad única y diferente. La comunidad lésbico, gay, bisexual,
transexual y transgénero montrealense ha logrado avances importantes a nivel
legal, social y cultural.
Por ejemplo, Montreal fue la
primera jurisdicción americana en reconocer legalmente a dos personas del
mismo sexo como pareja, tanto a nivel provincial como a escala federal.
Esto ha permitido que la vida
gay montrealense sea una de las más excitantes y dinámicas. No en balde, es
la capital sociocultural canadiense, la ciudad de los festivales. El arte se
respira en toda la urbe, por su combinación de música, teatro, ballet,
ópera y propuestas vanguardistas de primer nivel. Montreal vive y late al
compás de su ya famosa "joie de vivre" (alegría de vivir).
Un poco de
historia
Los primeros Juegos
Olímpicos fueron los de la Antigüedad, que nacieron en Grecia en el año 776
antes de Cristo y siempre coincidían con la segunda o tercera luna llena
después del solsticio de verano.
Para los antiguos griegos,
las Olimpiadas eran consideradas eventos sagrados, un festival religioso,
atlético y cultural, el más importante de Grecia. En la primera Olimpiada,
se reunieron 40 mil griegos en la "Final de Estadio", nombre dado a
la única competencia de distancia (192.27 metros).
Corebo, habitante de Elis y
cocinero de profesión, fue el ganador en esta carrera, logrando así cumplir
el sueño más anhelado para un griego: ganar la corona de laureles. Para los
griegos, alcanzar la victoria en los Juegos Olímpicos era lo más valioso y
codiciado.
Mensajeros oficiales
recorrían la antigua Grecia para anunciar la fecha en que se efectuarían los
juegos. Así, los atletas tenían oportunidad de entrenar, siempre bajo la
mirada de los jueces locales, quienes se encargaban de seleccionar y rechazar
a los atletas, así como de supervisar su entrenamiento, el cual consistía,
entre otras cosas, en dormir en suelo duro y mantener una dieta austera desde
un mes antes de la contienda.