Por Enrique Gómez
La necesidad humana de
clasificar todo lo que se encuentra a su paso rige permanentemente mucho de
nuestro sentir, pensar y actuar en lo cotidiano, sin muchas posibilidades
psicológicas de atrevernos a romper las etiquetas que nos imponen y
auto-imponemos ante la sociedad y, peor aún, ante nosotr@s mism@s.
Y es que los treintones de
hoy pertenecemos a una generación "emparedado" que repudia los
tradicionalismos de antaño, pero que no logra liberarse del todo de los
prejuicios, miedos e inseguridades del viejo esquema de pareja.
La reflexión, a raíz de
haber presenciado El Ornitorrinco, una extraordinaria puesta en escena del
dramaturgo Humberto Robles, que se atreve a tocar uno de los temas menos
expuestos y comprendidos dentro de la misma diversidad sexual: la
bisexualidad, pues muchos gays y bugas aún no la conciben como una
orientación definida, la consideran el argumento de la homosexualidad
reprimida o semireprimida.
El caso es que sales del Foro
La Capilla (Madrid 13, Coyoacán) con un exquisito sabor de boca La historia,
la dirección escénica, la ambientación, las actuaciones, la iluminación,
la música, el perfil de los personajes, todo es un verdadero deleite teatral
en casi 80 minutos de risas y reflexiones.
La obra expone la
problemática de una pareja (Ana y Paco) que se enfrenta a muchos de los
problemas de la sociedad mexicana actual, relacionados con la diversidad
sexual, la búsqueda de identidad, los lastres educativos y sociales, la
poligamia, el "destape" sexual, el sida, las drogas y la soledad en
la era del ciberespacio y de la música electrónica.
David es el mejor amigo de
Paco, y junto con Ana, forman un triángulo amoroso que confronta a cada uno
de los personajes entre sí y consigo mismos. La obra está montada en tres
actos y un epílogo, a través de los cuales conocemos la vida de Ana y Paco,
que llevan cinco años de pareja y cuya vida se transforma cuando a él se le
ocurre implementar otra forma de ejercer su sexualidad.
También aparece un cuarto
personaje, Mauricio, que da un final inesperado y realista (de acuerdo a la
inercia social de la actualidad mexicana) a la obra. Los secretos de los
cuatro protagonistas brotan en una cama compartida que entrelaza sus vidas
más allá de la amistad.
Pero ¿qué tiene que ver el
ornitorrinco con todo esto? Este curioso animal puso en tela de juicio todas
las teorías naturalistas del siglo XIX, porque los científicos no atinaban
catalogarlo como mamífero, reptil o ave, al encontrarse con un ser que cuenta
con un pico de pato, cola de castor y características de otras especies.
Los investigadores
necesitaron encontrarle una clasificación dentro del reino animal, como parte
de la necesidad humana de etiquetar todo lo que se encuentra a su paso. Lo
mismo ocurre con la sexualidad humana: queremos pertenecer a una
clasificación y actuar en consecuencia.