Cuando un grupo de personas
construye un entorno propio, establece un lenguaje común que sirve de
identificación y que dificulta a otros la posiblidad de enterarse de los
asuntos "internos".
La comunidad lésbico, gay,
bisexual, transexual y transgénero (LGBT) ha ido creando vocablos que, con el
transcurrir del tiempo y la extensión de su uso, ha dejado de ser un lenguaje
menor y lo ha adoptado la mayoría, aunque muchas veces es empleado sin
conocer su verdadero origen ni su verdadero significado.
Las palabras que usamos para
referirnos a nosotros mismos no pasan desapercibidas ni dan igual, sino que
tienen una importancia cultural de primer orden. De ahí que muchos
intelectuales y activistas pongan especial empeño en utilizar unas palabras y
no otras.
Estos vocablos crean
realidades o ayudan a crearlas. Por eso, una de las primeras tareas de las
organizaciones que promueven la apertura sexual es la de intentar modificar el
lenguaje y orientarlo hacia el respeto a la diversidad, ya que siempre había
sido impuesto desde afuera.
Uno de los principales
objetivos de crear un vocabulario propio fue modificar el lenguaje homófobo y
discriminatorio que existía y sigue existiendo. A nosotros nos han nombrado
desde fuera, no hemos tenido opción de nombrarnos a nosotros mismos, ni de
escoger las palabras con las que queremos ser reconocidos.
El término
"homosexual" se originó en el contexto médico del siglo XIX para
designar lo que en ese entonces se entendía como una aberración y una
desviación sexual, por lo que los activistas luchan permanentemente para
desterrar el concepto de enfermedad que se le dio en un principio a este
vocablo.
Además, la palabra
"homosexual" no tiene una buena historia. Refiere principalmente lo
sexual, como si gays y lesbianas fueran sólo sexo. En su origen, la
homosexualidad (considerada una enfermedad) no hacía referencia a los
sentimientos ni a los afectos.
Frente a esto, el movimiento
gay se empeñó en encontrar palabras que nos definieran desde adentro,
palabras escogidas por nosotros mismos y que tuvieran significados positivos.
Esta batalla tuvo una
victoria que fue la casi total imposición de la palabra "gay", un
término elegido por los mismos homosexuales para designarse a sí mismos. Al
mismo tiempo, las mujeres homosexuales exigieron que se las denominara
lesbianas para obtener así una mención explícita y no quedar sumisas bajo
la realidad gay.
En los últimos años ha
surgido una nueva palabra que comienza a utilizarse dentro de la comunidad
LGBT de Norteamérica y que se ha ido propagando por otros países. Se trata
de la palabra "queer", una alternativa gramatical aún más radical
que "gay".
"Queer" significa
algo así como extraño o rarito. Era una palabra que se utilizaba de manera
despectiva contra contra los gays, pero la comunidad homosexual decidió tomar
revancha y apoderarse del término para incluirla dentro de su propio
vocabulario, ahora de manera reivindicativa.