Por Ricardo Cisneros
La primera impresión es la
que cuenta. Por lo menos eso dice la sabiduría popular, y algo debe tener de
cierto, dado el esfuerzo que todos ponemos para causar siempre una buena
primera impresión.
Buscamos tener una actitud
positiva y sentirnos seguros y cómodos con nosotros mismos; cuidamos que
nuestro físico resulte agradable a los demás lavándonos, peinándonos,
arreglándonos y eliminando todo aquello que resulte desagradable.
Tratamos que nuestra forma de
hablar y expresiones sean las adecuadas; y, por supuesto, nos esmeramos para
que nuestra forma de vestir produzca una reacción positiva entre aquellos que
nos rodean.
Todos estos elementos se
conjugan para causar una reacción determinada, pero pocas cosas nos ayudan
tanto a propiciar una buena impresión a la primera como la ropa que llevamos
puesta.
Una selección acertada del
estilo de ropa para cada situación, un corte de camisa y pantalón que
favorezca nuestros razgos y figura, y una atinada combinación de colores que
además vaya acorde con nuestro tono de piel, son todos factores que producen
una buena impresión en los demás.
La forma en que vestimos
habla mucho de lo que somos, si pulcros o desaliñados, ordenados o
desordenados, rígidos o flexibles; habla de nuestro estilo de vida y nivel de
ingreso, status y extracción social. Y algo muy importante, ello habla del
grupo social al cual pertenecemos o queremos pertenecer.
Por supuesto que nuestra
forma de vestir no es reemplazo para la autoestima o seguridad, pero sentirnos
cómodos y con la ropa adecuada nos ayuda a sentirnos mejor y en armonía con
nosotros mismos, esto es percibido por los demás y, por lo tanto, facilita el
camino para relacionarnos y estar en armonía con nuestro entorno.
Hay muchas situaciones en las
que particularmente nos esmeramos por causar una primera buena impresión.
Cuando salimos y queremos conocer a alguien, cuando asistimos a algún evento
social, en la primera cita, en el primer día de clases o en el primer día de
trabajo.
Todas éstas son ocasiones en
que queremos decir algo a los demás aún antes de conocerlos y a primera
vista.
Y como todo en la moda habla
de armonía, buenas impresiones, cambios y ciclos, agosto representa una buena
oportunidad para renovar nuestro guardarropa por dos razones importantes.
La primera, porque el mes
indica el fin del verano y el principio del otoño, así que es un indicador
claro del cambio en la moda. La segunda, porque marca el término de las
vacaciones de verano y el regreso a nuestras actividades habituales.
Ya sea que regresamos a
clases o a nuestro trabajo, seguramente el cambio de ciclo nos planteará
circunstancias nuevas en las que desearemos causar una buena impresión, y
seguramente que el vestir ropa nueva y a la moda no lo es todo, pero ayuda
mucho.