Por Alberto Torres
Al hacer un balance de sus
tres años como diputada en la Asamblea Legislativa del DF, Enoé Uranga
planteó la necesidad de alentar nuevos liderazgos de la comunidad lésbico,
gay, bisexual, transexual y transgénero (LGBT), que reflejen la diversidad en
la sociedad mexicana y que desalienten los victimismos y las dinámicas
autodestructivas dentro del movimiento.
Además, habló sobre la
formación de Diversidad, Equidad Social y Democracia (DESyDe), una
agrupación política nacional que tendrá el reto de prepararse para
demostrar desde la izquierda moderna que la comunidad LGBT también puede ser
gobierno.
¿Cuál es el balance de
de tu diputación?
En general, muy satisfactorio. Lo más importante fue el avance del debate
intelectual, cultural y político con el que mostramos un proyecto de país en
el que la democracia empieza por el reconocimiento de la "otredad" y
que ya no se puede prescindir de la voz de "los distintos" ni de su
presencia. Cumplimos la tarea con propuestas innovadoras y necesarias, como la
Ley de Sociedad en Convivencia, que activó otra forma de legislar, inédita
en el país.
Fuimos una de las pocas diputaciones que más trabajó en la Legislatura.
Gracias a eso, ahora tenemos la Ley de Derechos Humanos más avanzada de todo
el país, las modificaciones a la Ley de Establecimientos Mercantiles en
materia de no discriminación, la Ley del Instituto de las Mujeres, algunas
reformas al Código Penal y al Código Financiero en materia de equidad de
género, una partida presupuestal para la prevención del VIH/sida en hombres
que tienen sexo con hombres, y varios proyectos productivos para mujeres
vulnerabilizadas, incluidas las lesbianas, entre muchos otros asuntos.
¿Cuáles fueron los
principales obstáculos a los que te enfrentaste?
Al entrar, esperábamos las peores cosas de la derecha, pero el principal
obstáculo fue la cerrazón de una izquierda vieja que se mueve en el
corporativismo, la inmediatez y el conservadurismo alimentado por las
fracciones duras del clero católico, que ponen en peligro la vigencia de las
libertades civiles. Otro problema fue la falta de preparación y el poco nivel
político de un número importante de diputad@s. Un fenómeno lamentable que
afecta a la institucionalidad de la Asamblea Legislativa, y de los congresos
en general, es la tendencia a "intercambiar" iniciativas y
propuestas. Es decir, el PRD vota a favor de la propuesta del PRI, si el PRI
vota en contra de la del PAN, por ejemplo. Esto hace difícil la defensa de
las ideas, pues frecuentemente se cruzan intereses partidistas.
¿Cómo terminó tu
relación con el PRD?
En una relación diferenciada. Dentro del PRD hay algunos grupos sensibles
a la necesidad de cambiar y de respetar, pero hay muchos otros que aún no
pasan el examen para estar en una izquierda moderna, creen que por ser
izquierda pueden demandar disciplina ciega y suponen que pueden hacer del
movimiento un corporativo a su servicio. En fin, existe distanciamiento, pero
en general la comunicación esta abierta con varios grupos dentro de ese
partido. Mi negativa a aceptar la propuesta de afiliarme al PRD para ser
diputada federal fue aceptada con respeto y con algunos hasta tengo un
contacto muy cordial.
¿Cómo quedó la
relación con el grupo político que te llevó a la diputación?
Mi presencia en la Asamblea Legislativa se debió al respaldo del
movimiento de la diversidad sexual y feminista, con quienes hay compromisos
más allá de los tres años de diputación. Democracia Social fue el partido
con el que hicimos la alianza electoral y que no alcanzó el registro en el
2000, por lo que ellos se disgregaron hacia diferentes vías políticas. Con
muchos de ellos conservo buena relación y con otros existe algún
distanciamiento, que no es insalvable pues la alianza de la franja
socialdemócrata del país es parte de la maduración de un proyecto político
en el que hay que insistir porque este país lo requiere.
¿A qué atribuyes que
algunos sectores desautorizan tu diputación?
A un infantilismo político o a una soledad imperdonable. En este mundo
hay lugar para tod@s y yo no represento al movimiento, sólo soy impulsora de
una agenda política junto con otras personas. No sé si alguien se puede
abrogar la autoridad para calificar lo que es auténtico o no dentro del
movimiento LGBT, que funciona a partir de otra ética en la que sin duda hay
discrepancias. Pero si hay un movimiento donde la solidaridad real pesa, es
éste.