ALEX
PÉREZ, EN LA RECONSTRUCCIÓN DE SU VIDA
Por Enrique Gómez
Oriundo de Atotonilco,
Hidalgo, con 29 años de edad y seis de trabajar como relaciones públicas en
diferentes bares de la ciudad de México, Alex Pérez se da una nueva
oportunidad de vida y regresa, por tercera ocasión, a trabajar para Grupo
Cabarétito, ya con los pies en la tierra, luego de un difícil proceso de
rehabilitación física y espiritual.
Sin rencores en su corazón y
con muchas ganas de dignificar su carrera, Alex ofrece una entrevista a
Homópolis, en donde habla de la necesidad de reconciliarse consigno mismo y
su enterno, así como de sus planes para fundar una organización de ayuda a
niños con cáncer o a personas que viven con VIH.
¿Cómo entraste al
ambiente gay?
Mis primeros pasos los di en los grupos Palomilla Gay y en Guerrilla Gay,
pero mi primer jefe, con sueldo pagado, fue Julio Román, quien me contrató
en la revista Sergay en 1995. Trabajé como vendedor de publicidad para El
Agujero de la Cerradura; estuve como relaciones públicas en la revista Adanes
y en La Otra Guía. Después colaboré para la revista Olé México Gay. Pero
mi prioridad siempre fueron los antros.
¿Cómo iniciaste tu
carrera como relaciones públicas?
Por mero accidente, pero con la firme convicción de hacerlo. Comencé a
tocar puertas en varias discotecas, pero no me querían aceptar porque sólo
tenía 21 años. La primera oportunidad me la dieron en Privata (Avenida
Universidad), donde estuve seis meses. Luego, me llamaron para trabajar en El
Antro, donde duré tres años. También trabajé para El Celo, el Bar Zoo,
Grupo Cabarétito, Anyway, Pink Side, BarB, el Garibaldi's 14 y Praga 40.
¿Has tenido tropiezos?
La época más difícil de mi carrera fue entre 2002 y principios de 2003.
Después de haber sido uno de los relaciones públicas mejor pagado del
ambiente gay, de pronto ninguna discoteque me quería. Me quedé
incontratable.
¿Qué sacrificios has
hecho por esta carrera?
He abandonado a mi familia, mi vida personal, mi relación de pareja.
Sacrifiqué dos relaciones de pareja: Marco Antonio Velázquez, quien ahora es
uno de mis mejores amigos, y Carlos Arizmendi, con quien ya no pude
reivindicarme porque murió hace año y medio. En el último año de mi
relación con Carlos me mareé en un tabique y caí en un problema crítico de
alcoholismo.
¿Cómo superaste el
problema de alcoholismo, trabajando en donde siempre hay alcohol?
No lo superas nunca, tienes que estar en constante tratamiento. Busqué
ayuda en el grupo de Alcohólicos Anónimos y sigo yendo, no debo dejarlo
nunca. Lo más importante para salir adelante es no despegarte de tu lado
espiritual Y agarrarte de la gente que te quiere. Pase lo que pase, yo estoy
con Dios. Ya probé el suelo, ya mordí el polvo y no me gustaría volver a
hacerlo. De vez en cuando yo sigo tomando alcohol, porque el trabajo a veces
lo exige, pero el grupo AA no lo suelto.
¿También tuviste
problemas con las drogas?
Sí las conocí, porque en el medio social las encuentras fácilmente,
pero nunca he tenido problemas con ellas. Mi gran batalla es con el alcohol.
¿Qué tan difícil es
trabajar para la comunidad gay?
No es difícil, es un privilegio. Siempre soñé con ser protagonista de
la vida nocturna en México. El problema no es trabajar de noche ni la gente
con la que convives. La bronca es cuando pierdes las riendas de la situación.
No me justifico, pero cuando perdí el control de mí mismo yo tenía 21 años
En esta carrera todo el mundo te caravanea más de la cuenta y yo, a esa edad,
me lo creí. En este mundo todos somos iguales, pero con responsabilidades
diferentes, pero cuando te crees más que los demás, ahí vienen las broncas
y pierdes el control de tu vida. Sin embargo, yo jamás he culpado ni culparé
a la vida nocturna de mis fracasos. Al contrario, le debo mis logros y mis
éxitos.