Por Ulises Moreno
Jorge Luis llegó un día a
mi consultorio, estaba un poco inseguro, nunca antes había escuchado de esto…
¿arteterapia? Sin embargo, ya había estado en otras terapias donde hablaba y
hablaba de lo que le había ocurrido en la semana y en su vida, pero aún se
sentía incompleto, se sentía mal. Por eso, decidió probar un nuevo enfoque
de terapia.
Lo primero que dijo Jorge
Luis cuando llegó fue: "Me siento mal y no sé que hacer. Quiero salir,
quiero sentir esa plenitud con la que veo a algunos. Tengo todo lo que una
persona podría querer, pero sólo voy sobreviviendo día a día. Para mí, la
vida es como una interminable cuesta arriba que se aligera hasta el ansiado
fin de semana. Nada más soy un rol social, familiar y sexual, en vez de un
ser humano".
Le pregunté cómo se había
dado cuenta de estas sensaciones. Elocuentemente respondió: "Es lo que
he descubierto en las otras terapias en las que he estado y me sigo sintiendo
igual. ¿De qué me sirve saber lo que me pasa, si aún me siento mal por
dentro?".
A lo largo de algunas
sesiones, juntos investigamos qué pasaba a través del arte como su medio de
expresión. Dibujó, bailó, cantó, escribió, leyó, actuó y durante cada
una de las sesiones iba encontrando más información que le daba la llave
para salir a la vida.
A lo largo del proceso, Jorge
Luis fue ganando fortaleza y seguridad, confrontó varios problemas que
habían forjado en su persona la creencia de tener que permanecer sin
expresión, había copiando las actitudes que a los ojos de los demás
parecían graciosas.
La vida con su pareja iba
bien, pero nunca antes se había cuestionado sobre la plenitud, pues le
resultaba un factor desconocido. Había algunas cosas que quería cambiar,
pero hasta que no saliera sería difícil que pudiera expresarlo.
La llave
Empezamos a trabajar
construyendo un escenario en el que se representaba un cuarto, donde estaban
las tareas que habíamos ido resolviendo. Colocamos la puerta en una parte del
cuarto y yo actué un personaje durante los primeros momentos de nuestra
improvisación.
El personaje se movía
buscando salir. Me pidió que cargara las tareas, es decir, aquello que le
daba valor y que, a su vez, eran la llave. Yo las cargué, me pidió que
tocara y preguntara si podía salir, yo copie el modo en que me había pedido
que hiciera esa acción.
Del otro lado de la puerta me
dijo que se oía una voz autoritaria que decía "No, no puedes salir
hasta que hayas terminado tu tarea." Me dijo que respondiera que ya la
había terminado y que estaba bien hecha, que la había revisado varias veces
y estaba bien, que quería salir a jugar. Pero la voz respondió:
"Siempre hay cosas qué hacer y tú tienes que hacer más que los
demás."
Hasta ese momento, Jorge Luis
no había experimentado ninguna sensación o sentimiento, nada más había
desarrollado el inicio del drama en el proceso dramaterapéutico. Le pedí que
escogiera cuál papel quería interpretar en su necesidad por salir. Escogió
el papel adentro del cuarto:
Jorge Luis busca la manera de
salir y empieza a experimentar los mismos sentimientos que había estado
experimentando cuando inició su proceso terapéutico. Le cuesta trabajo
respirar, quiere encontrar una salida rápida, que no sea por la puerta.