Por Alfonso Medina/Letra S
Aún para los no muy
versados, parece obvio que hay muchas maneras de eyacular: con fuerza,
despacito, por chorros, en gotitas, lejos, etcétera.
Si tuviéramos que hacer un
recuento de todas, es muy probable que no se nos ocurra incluir a la
eyaculación retrógrada, aquella que se refiere al lanzamiento del semen en
sentido contrario; es decir, en lugar de proyectarlo al exterior, el semen
termina en la vejiga urinaria.
Este fenómeno tiene otros
nombres: retroeyaculación, retroespermatismo e intrayaculación. El contexto
donde seguramente se menciona con más frecuencia es el médico, ya que
también sucede como consecuencia de alguna afección de la uretra, cirugía
de la próstata, diabetes, paraplejia o algún trauma físico o síquico.
Desde esta perspectiva, el
retroespermatismo no es más que un padecimiento causado por la insuficiencia
del esfínter de la vejiga urinaria. Y, ciertamente, si alguien está forzado
a vivir con esta condición, tendrá que considerarse una patología.
Pero no siempre es un
padecimiento. Según The Wordsworth Dictionary of Sex (1994) y el Lexikon
der Humansexuologie (Berlín, 1990), los antiguos sajones recurrían a la
eyaculación retrógrada como método anticonceptivo.
En el acto sexual, cualquiera
de los participantes apretaba la base del pene poco antes del orgasmo,
causando que, al momento de eyacular, el semen fluyera en sentido contrario.
Los resultados de este
difícil arte como método anticonceptivo eran sin duda muy pobres, pero era
tan característico de este pueblo que por mucho tiempo se le ha conocido como
coitus saxonicus.
En la búsqueda de orgasmos
múltiples masculinos, en que el estupor posteyaculatorio impide orgasmos
adicionales, la eyaculación retrógrada suele ser uno de los destinos del
semen. El objetivo principal de esa búsqueda es mostrar, mediante diversas
técnicas taoístas, que el orgasmo y la eyaculación no son lo mismo; y, de
hecho, que el primero es posible sin que ocurra la segunda.
De allí que dichas técnicas
sirvan para lograr varios orgasmos sin eyacular o antes de la eyaculación
ordinaria. El caso es que su aplicación a menudo resulta en una
retroeyaculación.
Además de las diversas
interpretaciones del taoísmo, otras tradiciones le confieren alguna
importancia, ya sea negativa o positiva, a las prácticas sexuales basadas en
la retención del semen. No es extraño que varias culturas tengan alguna
manera de referirse a ella.
De acuerdo con The
Encyclopedia of Erotic Wisdom (Rochester, Vermont, 1991), de la tradición
árabe se originan las técnicas imsak, para prolongar la erección; y
de la tradición católica nos llega el término amplexus reservatus,
para referirse al ejercicio de la sexualidad entre dos personas sin que haya
eyaculación (cosa por demás muy aborrecida en esa religión).
Lo cierto es que hay una
variedad de actitudes con respecto a los actos de eyacular, retroeyacular o
retener el semen (no eyacular): si para los seguidores del taoísmo lo
importante es tener mucho sexo sin eyacular, para los herederos del
judeocristianismo las tres posibilidades son inaceptables en casi todas las
situaciones en que se lleve a cabo un acto sexual.