¿Nunca has probado
drogas?
Una vez tuve un acercamiento, pero fue espantosísimo. Entré en un rollo
psicológico casi esquizofrénico, porque tengo unas bases de educación muy
fuertes. Esa vez me trataron de dar un ácido y me di cuenta que tenía que
correr al otro lado, huir. Creo que quien se acerca a las drogas algo le falta
y algo le falla. La conexión con el espíritu la encuentras con la
meditación o el yoga. Creo que cuando te quieres, te valoras y tienes una
formación educativa no te hacen falta las drogas. Sin embargo, vivo las
drogas con mucha gente cercana y es muy difícil.
¿Cómo te ha recibido el
público?
Muy bien, mejor de lo que yo esperaba. Mi contacto con la gente es
maravilloso. Me he presentado para un público gay desconocido. No llevo porra
ni acarreados, entonces realmente me doy cuenta de lo que me hace falta. Mi
show de hoy tiene que ser mejor al de ayer, tengo que seguir hacia adelante,
evolucionar. La competencia es conmigo mismo. He escuchado el material de
otras personas, lo veo, lo palpo de lejos, pero no lo comparto, procuro
mantenerme nítido conmigo mismo.
¿A qué viniste al mundo?
Muchas veces se lo pregunto a Dios, pero me dejo llevar, quiero que Dios
se exprese a través de mí y procurar hacer lo que quiero, quiero defender a
la comunidad gay, que el mundo sepa que no sólo somos un modisto o un
estilista, también somos cantantes, rockeros y toda una serie de expresiones.
Soy una bandera independiente, dentro de la comunidad gay, que también quiere
expresarse.
¿Cómo es el Dios que
concibes?
El mío es medio independiente, así como soy yo. Para mí, Dios es amor,
eternidad, lo positivo de la vida, no puedo ver un Dios que maltrate o que
regañe o que castique.
¿Qué opinas de la
competencia?
Para mí no hay competencia. Hay competencia comercial por la venta de
discos, pero el cariño de la gente no se lo compites a nadie. Mi público me
ha regalado cosas que hasta me dan ganas de llorar. Eso no lo calculas con mil
copias vendidas o con que te hayan tocado en una estación famosa. Es mucho
más valioso el amor, el cariño.
¿Cómo ves al movimiento
gay?
Difícil. Estamos peleando todos. Antes no lo vivía, yo conocía un mundo
fresa. En el ambiente gay me he topado con la envidia, la competencia y el mal
rollo; nos estamos atacando unos a otros, porque si eres vestida, porque si
eres feo, porque si eres gordo, porque si eres viejito. ¿Cómo vamos a ser
comunidad si no estamos juntos ni trabajamos todos en paralelo? Cuando menos
deberíamos estar juntos para que la heterosexualidad se dé cuente que no
somos tan minoría, sino gente entusiasta y preparada.
¿Cómo te diste cuenta de
tu homosexualidad?
Desde muy chico me sentía diferente. Fue como encontrarme poco a poco,
siempre tuve el gusto por los varones, pero a los 15 años me di cuenta de que
existía más gente gay que yo, que no era el único. Quise entrar en el
ambiente gay, pero a quienes me lo enseñaron no les ví un lado positivo, les
conocí cosas que no me gustaban, así que volví al clóset. Después, leí
muchos libros sobre homosexualidad, vi muchas películas, abrí mis fronteras
y decidí ser gay y vivirlo. Ahora soy muy feliz.
¿Tienes pareja?
Sí, se llama Martín y llevamos ocho años juntos. Nos conocimos muy
chavitos. Primero fuimos amigos lejanos y no creí que llegáramos tan lejos,
pero después se vino a vivir a México, luego vivimos juntos y cuando me di
cuenta ya estábamos matrimoniados.
¿Cuál es el secreto para
tener una pareja estable?
La fórmula es el amor, ya luego viene la comunicación, el entendimiento
personal y otras cosas. Si tú amas a alguien, no te vas a querer separar de
esa persona, por más cosas que pasen alrededor de la relación. Pero cuando
no existe amor, te quieres separar y viene el rompimiento de alguna de las dos
partes.