Por Enrique Gómez
Nacido en una familia
conservadora del Distrito Federal y con larga trayectoria como cantante,
bailarín y actor, Byron se ha convertido en uno de los pilares artísticos de
la comunidad gay mexicana a sus 26 años de edad, a través de un concepto
musical pop electrónico plasmado en su primer disco, que está por ser
lanzado al mercado.
¿Por qué Byron?
Fue dificil encontrar un nombre que me convenciera. Quería identificarme
con el nombre de un hombre, no con uno femenino. Desde que estudiaba teatro,
me identificaba con el Lord Byron, había algo en mí que me movía y me
fascinaba, así que decidí llamarme así.
¿Cuál es tu formación
artística?
Vengo de una familia tradicional, hermética y de abolengo, así que mi
madre no quería que yo fuera artista. Pero logré que me dejaran estudiar un
taller de iniciación teatral a los once años, siempre y cuando tomara clases
de karate y de inglés. Cuando terminé la secundaria, ingresé a la escuela
de actuación de Silvia Derbez. A los 18 años me recibí de actor
profesional. Durante la carrera estudié dirección, pantomima, canto,
modelaje, esgrima. Entonces fui abriendo mis vertientes tanto de actuación
como de baile y canto. Después tomé talleres de comedia musical y de canto.
¿Cuál es tu experiencia
artística?
Como actor, hice mucho teatro infantil, una ópera rock que se llama Tonaltzin
y luego dirigí y escribí Atrapadas en el Ascensor, con la que me di a
conocer con mucha gente. Luego, dirigí Strikepoker, una comedia gay
más fuerte. En televisión, hice un personaje secundario en el programa Papá
Soltero y actué en la telenovela El Premio Mayor, durante diez
capítulos. Como cantante, inicié en un coro eclesiástico, luego estuve en
una especie de Timbiriche católico. Después trabajé con Las Hermanas
Vampiro, pero vino un rompimiento laboral y formamos el grupo Las Divas, a
quienes les sigo haciendo coreografías. Fue entonces que se me ocurrió hacer
un disco como solista.
¿Cuál es la propuesta
musical de Byron?
La música es mi medio de expresión. Ya es momento de empezar a nutrir
nuestro espíritu con música propia para la comunidad gay, donde se diga lo
que creemos y pensamos. Quiero expresarme a partir del pop, que si bien es muy
criticado por lo superficial que para muchos puede ser, es un género que nos
mueve y hace bailar. Hago pop más hacia lo electrónico, con un poco de dance,
con un poco de hip-hop, pero no quiero casarme con nadie.
¿Son tuyas las letras de
las canciones?
En mi primer disco hay seis canciones mías, dos de Agustín Morales (un
músico del Conservatorio Nacional de Música) y tres covers de un grupo
español con el que me identifiqué mucho. Cada uno de los temas refleja algo
diferente. Soy un reflejo, una identidad; busco libertad y una forma de
expresarme. Mi disco lleva un fondo, no sólo canto "te quiero, te
quiero" y ya.
¿Qué sientes cuando
estás en el escenario?
Me despego. Me estoy peleando con la respiración, con el baile, con ser
yo. En ese momento estoy en el éxtasis, en la catarsis. Siento el cariño de
la gente, pero también percibo las caras feas cuando no le gusto a alguien.
Pero yo no canto para ellos, sino para los que les gusta escucharme. Por eso
no entiendo por qué mucha gente del mundo de la música se droga, porque el
escenario ya es mágico en sí y hay que ser muy delicado con eso.