Por Martha Cuevas *
Muchas veces, platicando con
amigos o amigas, podemos analizar las distintas formas que tenemos de
relacionarnos con los demás. Por ser hombre o ser mujer, hay diferencias
sobre como concebimos las relaciones, como ejercemos nuestra sexualidad y la
amistad, como nos desenvolvemos, como ligamos y como expresamos nuestros
sentimientos.
Imagínate de pronto que las
mujeres ligáramos en el Metro, que con sólo una mirada supieras que te
están ligando. Imagina que de pronto hubiera muchas lesbianas en un vagón y
que con un simple acercamiento o un guiño, decidieras irte de inmediato con
esa chava a algún sitio para hacer el sexo.
¿Has escuchado de los
cuartos oscuros? Pues imagínate un espacio en donde las mujeres lesbianas
pudieran estar en contacto con otras mujeres y hubiera cuartos oscuros a los
que asistes para tener relaciones sexuales con quien encuentres, con una, con
dos o con más.
Imagina que tuvieras esa
apertura para decirle a una chava: me gustas, quiero contigo, quiero tener una
relación sexual contigo o, simplemente, quiero darte un beso. Piensa que
pudieras decirle sin problemas a tu novia: quiero que seamos pareja abierta,
me gusta alguien más o vamos a hacer un trio.
Imagínate una fiesta en
donde las chavas estuvieran en ropa interior o sin ropa, sin importarte
mostrar tu cuerpo. Te imaginas si de pronto hubiera por todos lados obras con
temática lésbica, películas, más grupos lesbicos, más espacios, más
presencia lésbica en medios de comunicación y más visibilidad.
El hecho de ser mujeres y
además ser lesbianas determina cómo somos. Nos han enseñado cómo debemos
relacionarnos, concebir nuestras relaciones y ejercer nuestra sexualidad de
una forma diferente a los hombres.
A lo largo de varios años he
conocido varias parejas abiertas que se relacionan con otras mujeres y esto
les funciona porque es de común acuerdo. Difícilmente quien ha aprendido a
establecer una relación monogama, puede entrarle a esta dinámica de abrir la
relación.
Sin embargo, también he
visto algunas chavas que les gustaría abrir la relación y conocer a más
mujeres, pero les pesa el qué pensará su pareja, porque podría creer que no
la ama, y terminan muchas chavas reprimiendo lo que están sintiendo o lo que
les gustaría hacer.
Tendríamos que empezar por
hablar con honestidad de qué nos gusta, aprender a hablar de nuestra
sexualidad sin pena, sin sonrojarnos, atrevernos, tener apertura para entender
otras formas de ser y de concebir la sexualidad, hablar de nuestros gustos, de
nuestra fantasías, de nuestros deseos, permitirnos ser de otra forma, sin que
tengas culpa.
Es una maravilla ser mujer y
ser lesbiana. A pesar de los prejuicios que existen, hemos construido una
imagen de nosotras mismas y nos hemos desarrollado de forma muy diferente a
los hombres.
Es importante reconocer que
muchas establecemos una relación de pareja al momento de conocer a una chava,
creemos que es el amor de nuestra vida. Están los sentimientos de por medio,
más que la cuestión sexual en un primer acercamiento con una chava, que en
términos generales ocurre menos en los hombres.
Me imagino construyendo otro
tipo de situaciones y espacios para las lesbianas, más abiertos, sin tanto
prejuicio, más alternativas. Por supuesto que a muchas les brincaría una
apertura sexual que no se ha dado, empezaría un gran debate.
El imaginar, el pensar como
podriamos ser es una utopía de la realidad, hay muchas barreras culturales,
sociales y religiosas que hacen que nosotras mismas seamos tan diversas, cada
una construye su forma de ser y acepta y/o lucha por lo que quiere ser.
Aprovechemos los espacios
lésbicos, fomentemos la comunicación con la pareja, con las y los amigos,
hablemos, participemos, construyamos, rompamos con las barreras que traemos en
la medida en la que cada una esté consciente de lo que quiere.
*Coordinadora de la Nueva
Generación de Jóvenes Lesbianas
Tel. 04455 2672-7821
ngjl@lycos.com