Por Alejandro Díaz
Cabrales/Sentido G
Aplicado como una
masculinidad exagerada, el machismo es una forma con la que muchos hombres (de
todas las orientaciones sexuales) dejan claro a los demás quien tiene la
sartén por el mango. Sin embargo, detrás del machismo hay otros impulsos
inconscientes y los homosexuales no estamos exentos de experimentarlo.
Muchos psicólogos coinciden
en que las actitudes machistas responden básicamente a la autonegación de
una realidad, sea una insatisfacción profesional, emocional o sexual.
Respecto a una insatisfacción sexual, el machismo puede estar provocado por
la autocensura de ciertos impulsos homosexuales.
Los especialistas de la salud
mental han determinado que un gran número de homofóbicos tienen miedo de si
mismos y de sus impulsos, así que cuando ven sus temores reflejados en otra
persona, tratan de destruirla. El temor de convertirse en lo que se odia lleva
a que el individuo adopte ciertas actitudes que pretenden negar el yo
incómodo para la sociedad.
Algunas de las experiencias
homosexuales de hombres heterosexuales responden a una actitud machista.
"Me cogí a un maricón" puede ser interpretado como una manera de
refrendar la hombría y la superioridad: "soy tan hombre que soy capaz de
cogerme a otro hombre". Claro que se trata de encuentros meramente
sexuales, sin indicios afectivos.
Estos individuos no se
reconocen a sí mismos como homosexuales puesto que se sienten "muy
hombres", son capaces de casarse y de construir una familia, con la
ventaja de salir a buscar relaciones esporádicas con otros hombres.
Este fenómeno es más
extenso de lo que pensamos en las comunidades rurales. En México, según la
ONU, el 26 por ciento de la población vive en zonas rurales, y es en ese
ámbito donde la interacción de homosexuales y heterosexuales se desarrolla
de manera privada y muy oculta, debido a la poca apertura respecto al tema.
En las comunidades rurales
los homosexuales no hacen manifestaciones visibles de su orientación sexual
frente a otras personas y la mayoría de las veces nunca llega a saberse.
Entre los grupos de varones
heterosexuales que se reúnen para ver juntos el fútbol o para practicar
algún deporte, existen algunos hombres que exageran sus conductas masculinas
para ocultar la ansiedad que produce el temer caer presa de sus propios
impulsos.
Otros tantos se esconden bajo
la imagen del mujeriego, del Don Juan, cuando en realidad sus presumidas
aventuras han sido practicadas con otros hombres.
Estos varones ocultan su
homosexualidad y adoptan actitudes machistas por la necesidad de mantener el
respeto y la imagen ante los demás, porque para la mayoría de la gente un
hombre que adopta actitudes femeninas es una forma de perder el respeto y de
convertirse en objeto del escarnio social.
El
machismo en la pareja gay
Cuando una pareja de
homosexuales decide empezar una vida conjunta, la dinámica de compartir un
espacio y un tiempo más amplio puede resultar desconcertante y, en ciertos
casos, malencaminada.
A diferencia de las parejas
heterosexuales, donde los roles están predeterminados, las parejas gay no
cuentan con una guía vivencial que ayude en la definición de las
personalidades, por lo que frecuentemente cometen el error de imitar los roles
de esposa-esposo: uno asume el papel dominante de proveedor y el otro se
vuelve el dominado y sumiso.