Por Martha Cuevas *
Algunas parejas deciden vivir
juntas al poco tiempo de conocerse, otras dan el paso luego de varios años de
relación, dependiendo de las posibilidades económicas, del nivel de
compromiso adquirido, del proyecto común de vida y de la ilusión que provoca
la idea de formar un hogar.
Empiezan los preparativos:
comprar los muebles, escoger los accesorios de la casa, ponerse de acuerdo
sobre la decoración y los espacios, sobre quién hará la limpieza, las
compras y si será bueno tener mascota o no. Al principio, todo puede ser
maravilloso, pero no deben olvidar que la relación debe mantenerse.
En esta etapa, vivir juntas
implicará trabajar problemas no resueltos y promover la comunicación, porque
de lo contrario el espacio se convertirá en una constante serie de
discusiones e imposiciones, y los malestares se sentirán más, pues al fin
comparten un mismo espacio.
Traten de negociar las cosas.
Por ejemplo, si a una le gusta cocinar y a otra no, asúmanlo pero sin llegar
a la pesadumbre. Lo mismo debe ocurrir con la limpieza y el orden de la casa:
establezcan acuerdos, pero que no sea una imposición.
Respecto a los gastos,
quizás una de ustedes aporte más dinero que la otra a la casa; no se vale
reprochar lo que puede estar supuestamente acordado desde el principio. Lo
mejor es una negociación continua y adaptarse a cada proceso que viva la
relación y al desarrollo laboral de cada una.
Todas las relaciones deben
trabajarse día a día para mantenerse, la comunicación es súper importante,
no impongas tu punto de vista, ponte en el lugar de tu pareja, utiliza la
empatía. Recuerda que la diferencia de opinión no tiene nada que ver con el
amor ni con el respeto, es un derecho que tienes a pensar diferente de tu
pareja.
Recuerda que también
necesitas tiempo para ti, sigue conviviendo con tus amigas y amigos, realiza
las actividades que te gusten, esto ayuda a tener más cosas que compartir con
tu pareja, traten de salir juntas y convivir, no se aislen del resto del
mundo, crezcan como pareja, pero no pierdan de vista su individualidad.
La vida en pareja implica
disposición, armonía, igualdad de derechos, una comunicación equilibrada,
participativa y sincera todos los días.
En la búsqueda de la
armonía hay que identificar todo lo que se debe evitar y lo que se debe hacer
cuando surgen los problemas. Eviten los silencios, los rencores, hablen,
dialoguen, lleguen a un consenso y establezcan acuerdos. Ante una diferencia
de opiniones, alternen, cedan. Definan la parte de responsabilidad que
corresponde a cada una en ciertas situaciones, no busquen culpables.
Establezcan su propio
código, basado en la comunicación, la confianza, el respeto, la ternura y el
placer, no olviden los detalles, conquisten a su pareja todo el tiempo. No
esperes a que tu pareja adivine lo que quieres y necesitas, ni que se adelante
a tus deseos sin haberlos formulardo antes.
No esperes que renuncie a su
vida personal y te coloque en el centro de su existencia, no pierdan la
individualidad. No compitas por quién es más o menos, mejor o peor, quién
es la que le pone más interés para mantener viva la pareja. Si te pesan
ciertas cosas o actitudes de tu pareja, háblalo, pero no impongas.