Por Alberto Gonze
Barcelona, la capital de
Cataluña, se ha convertido en un destino turístico muy concurrido y es muy
fácil entender la razón: Barcelona es única, no sólo por el clima cálido
y su ubicación a frente al Mar Mediterráneo, también por su combinación de
ciudad europea con la calidez latina y la personalidad intensa de los vascos.
A 150 kilómetros de los
Montes Pirineos, las actividades para disfrutar de Barcelona son múltiples:
Un lugar muy particular es el "Catalunya En Miniatura", un complejo
turístico cultural de miniaturas, inaugurado en mayo de 1983, el más grande
del mundo y el único de España.
Aquí se muestran al
visitante las réplicas de monumentos y edificios hechos con magistral
precisión. Conocer este espejo de las tierras de Cataluña no lleva mucho
tiempo, una hora y media aproximadamente, y es una muy buena forma de comenzar
a empaparse del sabor y esencia de esta ciudad.
La arquitectura de Barcelona
es mundialmente reconocida, sobre todo por un hombre: Antonio Gaudí. Son
muchas las obras que este genial arquitecto catalán creó; sin embargo, una
en particular se ha convertido en el símbolo que identifica no sólo a Gaudí
y su trabajo, sino a la misma ciudad: la Iglesia de la Sagrada Familia.
Esta construcción, de
inspiración neogótica, comenzó a edificarse en 1882 y, en un principio,
únicamente sería una iglesia gótica como otras muchas que había en la
ciudad. El arquitecto diocesano Francisco de Paula Villar inició la obra,
pero tuvo problemas con el patrocinador del proyecto, Josep M. Bocabella.
Es entonces cuando Antonio
Gaudí entró en escena y transformó la propuesta original para dar paso a
una de las obras arquitectónicas más bellas, más impresionantes y más
representativas de la arquitectura moderna.
La Sagrada Familia tiene un
efecto óptico muy particular, pues aunque parezca terminada, la realidad es
que quedó inconclusa, pues el maestro Gaudí falleció en 1926 en un
accidente. Mucha polémica ha causado la propuesta de continuar la obra
original, pero hay quienes prefieren mantenerla tal como la dejó Gaudí.
Barcelona reconoce el valor
de los artistas que han nacido en ella: Salvador Dalí nació en Figueres, al
norte de Barcelona, donde se encuentra el antiguo teatro municipal,
transformado por Dalí y que se convirtió en su Teatro-Museo. Joan Miró
cuenta también con un museo en donde se le rinde un homenaje por su
aportación a las bellas artes.
Los museos en Barcelona son
muy variados y seguramente encontrarás varios que serán de tu agrado e
interés, como el Museo del Perfume, donde se exhiben recipientes de
perfumería y cosméticos que datan de muchos siglos atrás, como cerámicas
de la antigua Grecia y esencieros de los siglos XVII al XIX.
Otros museos que vale la pena
conocer son: el de las Carrozas Fúnebres, con carrozas y automóviles de los
siglos XIX y XX; el del Chocolate, con la historia de su llegada a Europa
desde tierras mexicanas; y el de Cera. Un museo que llama mucho la atención
es el de la Erótica, lugar donde se muestran diferentes obras que a lo largo
de la historia hacen ver que el sexo también es un asunto de arte.
En Barcelona, como en toda
Cataluña, son dos los idiomas que se hablan: el catalán (lengua propia) y el
castellano (idioma oficial del Estado Español). La comida mediterránea tiene
la particularidad de utilizar en su elaboración productos de la tierra. El
aceite de oliva y las hierbas aromáticas se usan como base para la creación
de diversos platillos, los cuales harán que te olvides de la dieta.