Por Martha Cuevas
Con apenas 5 años de
existencia, el Grupo Cabarétito se encuentra en la cumbre del éxito y se ha
posicionado como un corporativo líder en el ambiente nocturno mexicano,
gracias al éxito de sus cinco negocios diferentes, dirigidos a públicos
diversos, los cuales garantizan diversión al máximo a la población
lésbico, gay, bisexual, transexual y transgénero (LGBT) que habita o visita
la ciudad de México.
Más allá del éxito
empresarial, Cabaré-Tito ha dejado huella en el comportamiento, las
actitudes, la vestimenta y las coreografías de toda una generación de
jóvenes que salen del clóset con mayor facilidad, que viven con más
libertad y que han hecho de estos lugares un estandarte de la apertura sexual
en el país.
Cinco años, cinco espacios:
La Rockola, para adolescentes (sin venta de cigarros y alcohol); Cabaré-Tito
Fusión, para los muy jóvenes; Cabarétito Neón, para los jóvenes;
Cabaré-Tito Metal, para los adultos y para las lesbianas; y Punto y Aparte
para quienes prefieren una velada de cabaret, sin punchis punchis.
Y para celebrar su quinto
aniversario, el consorcio echará la casa por la ventana durante todo el mes
de noviembre: estrenos de nuevas producciones, espectáculos especiales,
fiestas conceptuales, concursos, conciertos, promociones y muchas sorpresas
más.
Pero el éxito no llegó
solo. Fue necesaria la experiencia, la tenacidad y el talento de la mancuerna
hecha por Tito Vasconcelos (conocido por su carrera como actor) y David
Rangel, un empresario de 30 años, emprendedor, ambicioso, originario de
Iguala, Guerrero, que estudió Administración de Empresas, con especialidad
en Desarrollo Turístico y Maestría en Administración.
A los 21 años de edad, David
Rangel entró a trabajar como cajero al bar El Taller, donde se dio cuenta que
lo gay no era sinónimo de tacones y pelucas, sino un mundo con el que se
empezó a identificar, hasta que logró aceptar públicamente su
homosexualidad. Cinco años más tarde, logró pasar de empleado a socio del
lugar, junto con Alfredo Martínez, actual propietario de El Taller.
Después, decidió abrir un
espacio propio, con un concepto propio. En ese entonces, David se hizo pareja
de Tito Vasconcelos y ambos se dieron a la tarea de buscar un espacio. Así
nació Cabaré-Tito, un teatro bar que pretendía crear un lugar de
espectáculos para la gente joven.
El concepto inicial de
Cabaré-Tito ha ido evolucionando hacia donde la clientela lo ha pedido.
Ahora, el grupo está conformado por una planta laboral superior al centenar
de personas, sin contar a quienes hacen los espectáculos. Grupo Cabaré-Tito
es una gran familia donde nadie está excluido. Y para hablar de la evolución
del consorcio, David Rangel ofrece esta entrevista a Homópolis.
¿Cuál es la fórmula
para el éxito?
No te la voy a dar, porque de por sí ya me la están copiando, pero el
éxito de Cabaré-Tito se debe a que los clientes se identifican con nosotros,
conocen nuestra trayectoria intachable y esa es nuestra carta de
presentación. No somos cualquier hijo de vecino que sólo pretende hincharse
de lana sin retribuir nada a la comunidad.
¿Cuáles han sido las
satisfacciones más grandes de tu labor?
El cariño que el público nos tiene. He visto a mis clientes llorar por
el cierre de nuestros espacios, el público está dispuesto a todo por ellos y
eso me puede tocar el corazón, porque me hace saber que no estoy luchando por
algo estúpido, sino por algo real. Hemos formando una gran familia entre los
clientes y el personal. En nuestros espacios se siente un ambiente de cuates,
de amigos.