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EL CELO, UN IDEAL PARA LA DIVERSIÓN

Por Enrique Gómez

Cinco años y medio fueron suficientes para recuperar cien veces la inversión que permitió la apertura de El Celo en 1998, uno de los pilares del esparcimiento gay en la ciudad de México, una discoteque sin poses, económicamente estable y con el futuro garantizado para una clientela cada vez más exigente, gracias a la buena dirección de Jordi Lorenzana.

Abogado de 32 años, hijo de empresarios y oriundo de Irapuato, Guanajuato, Jordi domina su negocio a la perfección y tiene mucho tiempo libre, así que ya está planeando la apertura de un nuevo centro de diversión para la comunidad gay en los próximos meses.

En entrevista con Homópolis, considera que hace falta un gran movimiento que unifique a toda la comunidad lésbico-gay: sociedad civil, empresarios, revistas, a todos. "No puede ser que exijamos derechos a la sociedad, si entre nosotros no nos ponemos de acuerdo, si ven que nos hacemos trizas unos a otros", señala.

¿Como empezaste tu carrera de empresario?
Cuando yo estudiaba en la Escuela Libre de Derecho, en la época del PRI, entré a trabajar a la Procuraduría de Justicia del DF, pero cuando ganó el PRD las elecciones en la ciudad de México, cortaron muchas cabezas en la dependencia y tuve que buscar alternativas de trabajo. Mi papá siempre había sido empresario en el giro de restaurante bar, y desde pequeño yo le echaba la mano en su negocio. Entonces, decidí montar una discoteque, busqué un lugar en la Zona Rosa y me enconré con un local que estaba en obra negra, ya tenía cinco años abandonado, no había luz, no había muros, el piso era de arena, pero me pareció un sitio privilegiado, así que lo tomé, lo remodelé y así nació El Celo en 1998.

¿Que tan difícil es hacer un negocio gay en el DF?
Yo no le vi ninguna dificultad. En cuestión económica, la situación está peor ahora que en ese entonces. En cuestión social, la apertura es mayor y lo gay es cada vez más aceptado. La verdad es que fue más fácil de lo que imaginaba y el lugar tuvo éxito inmediatamente.

¿A que atribuyes el éxito de El Celo?
A su ubicación, a la música y a que es un lugar sin poses. La gente de cualquier nivel se viene a divertirse y no a posar, hay libertad para explayarte como quieras.

¿Qué sigue para El Celo?
El Celo se queda como está, con los cambios que la clientela vaya pidiendo, con su mismo nombre y su mismo espacio. Pero, como empresario, ya es fundamental para mí abrir un nuevo lugar, aparte de El Celo. Es que me siento estancado en un proyecto que vi crecer y lo mantengo, pero me hace falta crear algo nuevo. El Celo ya lo tengo dominado y tengo demasiado tiempo libre. Entonces, creo que ya llegó el momento de abrir un lugar gay nuevo, totalmente diferente, para otro tipo de gente, para gente un poco mayor. Estará listo en los próximos meses, no en la Zona Rosa, pero dentro de la delegación Cuauhtémoc. Tengo varios nombres, pero todavía no tengo el definitivo.

¿Vas solo en este nuevo proyecto?
Si. Yo respeto y admiro muchísimo a las personas que entran en sociedad, es una gran ventaja porque las ideas y las presiones se dividen, pero habiendo dinero de por medio, las relaciones personales se vuelven difíciles. A mí me gusta llevar la fiesta en paz y no tener problemas con nadie, por eso prefiero, en cuanto a negocios, desenvolverme solo.

¿Cómo calificas la situación de El Celo ahora?
Está muy bien, está económicamente estable. Es un negocio que no está en sus mejores épocas por la situación económica nacional, entonces tengo que ver qué invento para jalar gente con promociones, fiestas, espectáculos, decoración, claro, sin perjudicar a nadie, porque yo no paso por encima de los demás. El Celo tiene mucho tiempo más de vida, aunque para ello es necesario invertir más tiempo, dinero, ideas, creatividad. En cinco años y medio, ya recuperé cien veces la inversión de El Celo, pero es mi hijo y no puedo dejarlo desamparado.



 
                       
                       
                       

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