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LIBERTAD: MUJER DE TIEMPO COMPLETO

Por Sergi Mass

Orgullosamente mexicana, legalmente mujer y bigénero como artista, Libertad o Jacqueline Aristegui afirma que Armando Palomo y ella son como siameses del alma: existen juntos y siempre van a seguir de la mano, porque el alma no tiene sexo y el cuerpo es sólo una necesidad para trasladarnos en este mundo terrenal. Sin embargo, señala en entrevista con Homópolis que ahora que la ilusión de ser mujer es una realidad no piensa regresar al mundo masculino, al que ya le dedicó más de la mitad de su vida.

¿Cómo fueron las etapas en tu proceso de aceptación?
Siempre viví en medio de la confusión. Durante la infancia me ponía la ropa de mi hermana y actuaba frente a un espejo como una chica. Para colmo, mis padres quisieron que estudiara en una escuela de varones, frente a la que estaba una escuela de mujeres. Me asomaba por la ventana y anhelaba estar de aquel lado. No me gustaba platicar con los niños porque tenía que demostrar cosas que no me latían y que no podía superar. Cuando jugábamos carreritas y los compañeros decían "vieja el último", yo me dejaba perder por la estúpida esperanza de que mi sueño pudiera hacerse realidad.

En el transcurso de la adolescencia, veía cómo mis amigas vivían los cambios físicos de la maduración y las envidiaba, pero de pronto descubrí que era muchísimo más que una mera fascinación; empecé a sentir una extraña y gran atracción por las mujeres. Todo el sentido para mí era femenino; empecé a tener novias. Para mí era maravilloso relacionarme con las chicas y tener muchas aventuras y romances. Hasta ese momento nunca tuve relaciones homosexuales.

Al cabo de los años ya no era suficiente con verlas y admirarlas; quería ser como ellas, por lo que empecé a ir a terapias psicológicas, al yoga y a los encuentros espirituales. Al mismo tiempo, empecé a buscar literatura que le pudiera dar solución a mis problemas. Hasta llegué a pensar que podría ser una enfermedad. Pero al estar completamente sola en el extranjero y haber estudiado infinidad de temas, empecé el delicado proceso de cambios tanto físicos como psicológicos.

¿Has tenido experiencias sexuales con hombres?
Si, por supuesto, pero eso fue después de mi proceso de cambio, ya que quería saber si no me sentía atraída por algún prejuicio. Si tengo que calificar mi orientación sexual, podría decir que soy bisexual, pero no practico mi bisexualidad, porque actualmente tengo una pareja mujer con la que me siento sumamente contenta.

¿Y ella como toma este proceso?
Lo toma muy bien, porque ella me conoció antes de esta transformación. Mi actual pareja también tuvo la confianza de contarme que en algún momento de su vida había considerado la posibilidad de ser bisexual, ya que le atraía muchísimo la idea de estar con una mujer. Creo que eso es bastante normal en el ser humano

¿Qué tan difícil es vivir en México como transexual?
Al vivir durante largas temporadas en Estados Unidos, Canadá y Venezuela, tuve la oportunidad de conocer a amas de casa, psicólogas, dentistas y actrices que habían nacido varones. Esto cambió totalmente el concepto y entendí que hay millones de personas dignas en el mundo y que vale la pena pertenecer al equipo de la dignidad. Más tarde, llegué a México con la plena seguridad de que es un país de machos, en el que sería juzgada en todo momento por lo que había decidido hacer de mi vida. A pesar de los miedos y la incertidumbre, me sentía increíblemente contenta por haber encontrado la paz espiritual y estar bien conmigo. Ya no caminaba con miedo en la calle, pues antes me sentía avergonzada, apenada y con cierto temor de que la gente fuera a mirarme y burlarse de mí. Hoy, gracias a Dios, todo eso terminó.

¿Has sido víctima de agresiones homofóbicas?
Si, en dos ocasiones he tenido agresiones de este tipo. La primera fue en Acapulco, en un bar de la costera, donde el tipo de la puerta dijo que no podía atender a personas como yo. Le pregunté a qué se refería con "personas como yo" y me respondió que se refería a los travestíes. Le aclaré que yo no era travesti, así que le pedí que me trajera una michelada fría. Enojadísimo, el hombre intentó sacarme del bar, no sin que antes yo le dijera que aún estaba en territorio mexicano y que la Constitución dice que no se puede discriminar a nadie por su forma de vestir, así que estaba atentando contra mis garantías individuales. Otra de las agresiones homofóbicas que sufrí fue en el Metro de la ciudad de México, cuando entre la multitud sentí que alguien me empezó a meter mano. Inmediatamente busqué a un policía para que me diera apoyo y resultó peor, ya que me regañó, me dijo que yo tenía la culpa, pues los vagones de adelante son para las mujeres. Sinceramente han sido pocas las ocasiones en que me han agredido, pero aún así sigo creyendo que este país está sediento de apertura en todos los aspectos.



 
                       
                       
                       


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