Por Martha Cuevas *
Seguramente hemos escuchado
en diferentes religiones aquello del amor al prójimo y la importancia del
respeto, cuando en realidad, al interior de las iglesias se han suscitado
historias de abuso sexual, peidofilia, discriminación, asesinatos, torturas y
homofobia.
Numerosos grupos
conservadores fomentan la violencia, la coerción, la homofobia y la
discriminación, se oponen al uso del condón y a las relaciones sexuales
fuera del matrimonio, entre muchas otras cosas.
Y qué decir de la misma
discriminación que se vive dentro de la comunidad LGBT, cuando rechazamos a
las lesbianas, homosexuales, bisexuales, travestis y transgéneros. Mucha
gente se escandaliza al saber que alguien ve películas pornográficas o
revistas con desnudos, cuando quizás lo hacen a solas o no tienen el valor de
aceptar que tienen fantasías sexuales sobre algo o con alguien.
Lo importante por analizar es
cómo podemos criticar o hablar mal de algo cuando realmente somos participes
de lo que estamos rechazando. No hay coherencia y se predica una doble moral.
Es inaudito escuchar a
alguien cuando habla del respeto, pero a espaldas de la persona habla mal,
cuando no tiene congruencia entre lo que dice y lo que hace. ¿Cómo es
posible hablar de que queremos respeto y no ser discriminados, cuando
rechazamos a alguien por género, apariencia, condición social u orientación
sexual?
Es terrible vivir en un mundo
en donde valores importantes como la tolerancia, el respeto, el amor, la
amistad y la honestidad parecen no importar a mucha gente. Así ha sucedido
durante mucho tiempo.
Tan sólo por mencionar
algunos ejemplos, podemos hablar de las razzias a homosexuales, las torturas,
los asesinatos, la violencia psicológica física y sexual, que ha estado
presente al interior de las religiones, las familias, los grupos
conservadores, en el trabajo, en el entornio social.
Cada persona tiene en sus
manos decidir ciertas cosas, tenemos la capacidad de razonar y de no ser
participes de situaciones que afecten la integridad de las personas. Por
supuesto que podemos decir "esto no me parece" o "no va de
acuerdo conmigo", pero ante todo hay que aprender a fomentar el diálogo,
respetar las diferencias, a no tener dos caras, a no pregonar una doble moral.
¿Qué puedes hacer cuando
conoces a alguien que lo que dice no es congruente con lo que hace? Se puede
tratar de tus papás, de tu pareja, de tus amigos, de tus compañeros de
trabajo, de personas que conoces.
Por un lado, las actitudes
pueden doler, las acciones te pueden sacar de onda, puedes descubrir cosas que
te sorprenderán. La gente puede justificar su verdad, tratar de imponer su
punto de vista, te pude mentir, te pueden hacer creer que están diciendo la
verdad, que ellos no son los malos de la película, que la gente es la que
está mal.
En la medida en la que no
seamos participes de la violencia, de la deshonestidad, que no discriminemos,
que respetemos, las cosas pueden cambiar. Se han promovido diversas leyes en
donde se contempla no a la violencia y a vivir en un mundo libre de
discriminación y coerción. La participación depende de cada un@ de nosotr@s.
Muchas veces da coraje ver
situaciones de injusticia. Para eso tambien podemos denunciar la
discriminación, la difamación, la violencia, el abuso de poder, ejerce tus
derechos. La moral es un arma de doble filo.
Afortunadamente, hay límites
conforme a los derechos humanos, al respeto al estado laico, no permitas que
la deshonestidad, la falta de respeto y la autoridad sean impuestos a tu
persona.
Puedes acudir a las
instituciones correspondientes, como las comisiones nacional y estatales de
los derechos humanos, a la Procuraduría Social o a tu delegación más
cercana. Es importante promover la honestidad, la tolerancia, la libertad de
expresión, la apertura, el respeto a los derechos humanos y sexuales, la
libertad de prensa. No te dejes, acude a las instituciones correspondientes.
* Coordinadora de la Nueva
Generación de Jóvenes Lesbianas
Tel. 04455 2672-7821
E-mail: ngjl@lycos.com