Por Víctor Velasco
¿Alguna vez has hecho sexo
con un hombre que no se considera homosexual, bisexual ni gay? En los baños
de vapor, en los cuartos oscuros y algunos sitios de ligue clandestino es
común encontrar hombres que dicen no ser "de esta onda" y que sólo
hacen sexo con otros hombres para pasar el rato.
En México, esta situación
es reconocida en el lenguaje popular como "mayate", palabra que
designa a un hombre que tiene sexo con otro hombre, pero que no se considera
homo ni bisexual.
Durante mucho tiempo,
antropólogos, médicos, psicólogos y sociólogos creyeron que debía
coincidir la práctica sexual (lo que el individuo hace para tener placer
sexual) con la identidad sexual (lo que el individuo se considera). Sin
embargo, el sida obligó a los científicos a reconocer que la mayoría de la
gente puede tener prácticas sexuales, sin que coincidan con una identidad
específica.
De esta manera, pueden tener
actividad homosexual y no considerarse homosexuales, porque la imagen que
tienen de lo que es ser homosexual no coincide con la forma en que se ven a
sí mismos.
Muchos hombres aprendieron
que un homosexual es afeminado y que disfruta de la penetración anal tal como
una mujer goza la penetración vaginal. Por eso, cuando tienen sexo con otro
hombre no le permiten ninguna caricia o beso, sólo lo penetran y dicen algo
así como "Yo no soy maricón… sólo le hago el favor a este
joto".
Otros hombres se sienten
fuertemente atraídos hacia los travestís y son sus principales clientes.
Pero para estos hombres el travestido es simbolizado como una "mujer
completa", no como un hombre con disfraz.
Así, cuando tienen una
relación sexual y el travestí les penetra, su imagen interna es la de una
relación heterosexual con una mujer que tiene pene y eso es lo que les
resulta fascinante. Desde esa perspectiva, su relación es heterosexual.
Además, hay hombres viriles
que buscan hombres viriles en los clasificados de las revistas, porque
consideran que eso no es homosexualidad, sino una demostración de que son tan
viriles que pueden tener prácticas sexuales con otros muy viriles. Desde su
perspectiva, en vez de hacerlos homosexuales, estos actos los hacen más
hombres.
Al inicio de la epidemia del
sida, cuando se hizo evidente el papel de la sangre trasfundida para su
propagación, se ponía en los bancos de sangre el anuncio: "si usted es
homosexual, no done sangre" Prácticamente todos los hombres que se
presentaron sí donaron, pero a la hora de hacer la detección de anticuerpos
del VIH en la sangre, había que desechar al menos el 20 por ciento de las
donaciones, porque el examen daba resultado positivo.
En cambio, cuando se
modificó el letrero por "si usted ha tenido sexo con otro hombre, no
done sangre", un numero menor de hombres donaron y la cantidad de
paquetes desechados bajó notablemente.
Lo
que hacen, lo que dicen ser y lo que son
Todas las situaciones
anteriores demuestran que una cosa es lo que la gente hace con su sexualidad;
otra, lo que admite hacer; y una más es la etiqueta que se pone para
autodefinirse sexualmente.
Por eso es que desde la
década de los 90 se empezó a usar el término Hombres que tienen sexo con
Hombres (HSH) en todo el mundo y para cuestión de prevención del VIH/sida.