Por Martha Cuevas *
El autoconocimiento es un
paso importante para desenvolvernos en la vida, es tener conciencia de cómo
somos y qué nos pasa.
Es muy fácil dejar fluir las
emociones, pero hacer una reflexión de lo que hacemos nos ayuda a detectar
nuestros enfados o molestias. Advertir cómo estamos emocionalmente es el
primer paso hacia conocer y comprender nuestros propios sentimientos.
Hay personas que están
pasando por un estado emocional negativo y muchas veces no logran salir de
él, se dejan abatir por el mal humor, están susceptibles y se consideran
incapaces de salir de ese estado, se atormentan sin encontrar una salida.
Las personas que perciben con
claridad sus sentimientos suelen alcanzar una vida emocional más
desarrollada, son personas más autónomas, más seguras, más positivas; y
cuando caen en un estado negativo de ánimo no se obsesionan ni lo aceptan
pasivamente, sino que lo enfrentan y no tardan en salir de la situación.
El conocimiento propio ayuda
mucho a abordar con acierto los problemas y a gobernar con eficacia la vida
afectiva. El conocimiento propio es un punto clave para la formación y
educación del carácter y de los sentimientos de cualquier persona.
Saber realmente qué nos pasa
y por qué nos pasa está muy relacionado con nuestra capacidad de comprender
bien a las y los demás. Es muy útil observar el comportamiento propio y de
las demás personas para conocernos.
Todas las personas
reaccionamos de forma diferente ante ciertas situaciones. Hay quienes pueden
salir fácilmente de una situación y otras se dejan abatir por la depresión
o se exaltan fácilmente ante la menor provocación.
Hay que aprender a detectar
aquello que nos molesta o nos hace sentir mal, para no desquitarse con otras
personas o dejar de hacer cosas. Es muy importante no culpar a la gente que
nos rodea de nuestro comportamiento, podemos analizar fracasos o problemas no
resueltos que vienen quizás del trabajo, de la familia, la escuela, la
pareja, con las y los amigos.
Hay que identificar el origen
del abatimiento, el cansancio, el enojo. Las circunstancias ajenas pueden
ayudarnos a resolver y superar nuestros problemas, pero no debemos dejar de
lado la responsabilidad que tenemos sobre las cosas que nos suceden en la
vida.
El conocimiento propio,
enriquecido por el consejo de quienes nos conocen y aprecian, nos permitirá
identificar el verdadero origen de las cosas que nos hacen sentir mal y que
inevitablemente experimentamos siempre a lo largo de la vida.
Discernir
los propios sentimientos
No hay que tener miedo a las
experiencias de la vida ni a cómo podemos sentirnos ante una situación
difícil. Lo importante es salir del problema y no acostumbrarse a un estado
negativo o de tristeza en la vida o de salidas fáciles como el autoengaño y
la mentira.
Una vez que tomamos
conciencia de cuáles son los verdaderos sentimientos que nos inquietan y que
tenemos que trabajarlos, podemos analizarnos, y así trabajar sobre nuestro
estado de ánimo.
Quien se conoce bien, puede
apoyarse en sus puntos fuertes para actuar sobre sus puntos débiles, y así
corregirlos y mejorarlos. Hay quienes prefieren dejarse llevar por el enojo,
exaltarse; aun sabiendo que lo mejor sería superar su orgullo y salir,
prefieren permanecer tristes en su desgracia, con tal de no enfrentarse a su
propia obstinación.