Por Enrique Gómez y Martha
Cuevas
Con más de un año en cartelera, culminó
con rotundo éxito la temporada teatral de Bellas Atroces, sin duda la
obra de temática lésbica más célebre que se haya representado en nuestro
país, bajo la dirección de Ana Francis Mor y con las actuaciones de María
Reneé Prudencio, Vanessa Ciangherotti, Cecilia Sotres y Marisa Rubio.
Esta obra logró romper mitos y estereotipos
sobre la realidad que viven las lesbianas, ya que plantea una gran diversidad
de mujeres que se conocen, se enamoran y se descubren ante otras mujeres.
Reconoce la existencia de las lesbianas, pero con orgullo y felices de ser
mujeres.
Tristes por el cierre de temporada, pero
satisfechas con los resultados, estas cuatro actrices planean darse unas
buenas vacaciones para tomar aire y preparar sus proyectos de trabajo para
este 2004. En entrevista con Homópolis, comparten su visión de la
lesbiandad, luego de haberse convertido en ídolas de la comunidad lésbica
mexicana.
María Reneé Prudencio
Todavía existe un vacío social y político
en materia de diversidad sexual. El poder nos quiere mantener en el medioevo.
Por eso, es importante hacer un teatro que cuesitone los status quo,
que dé visiones de otras formas de existencia y que amplíe la libertad de
todos los grupos minoritarios.
Yo veo la lesbiandad tal como miro la
heterosexualidad o la bisexualidad, no me produce ni sorpresa ni escándalo. A
nivel social, la lesbiandad ha cobrado visibilidad, porque antes estaba vedada
del todo. En lo personal, fui educada por una familia abierta, pensante,
inteligente, que daba la bienvenida en su seno a una variedad infinita de
expresiones, no sólo sexuales, sino espirituales.
En las nuevas generaciones es muy bello ver a
las mujeres asumiendo su sexualidad (hetero, bi o lesbianas) con esa
frontalidad, porque no lo veía en las mujeres de generaciones anteriores. Lo
más efusivo que viví con Bellas Atroces fue ver que las chicas
lesbianas se volvieron cómplices de este proyecto, se convirtieron en un
equipo extendido y solidario de la obra.
Cecilia Sotres
Hacen falta obras de teatro con calidad,
porque hay mucho teatro gay pero desafortunadamente con una calidad muy
cuestionable. Yo estoy rodeada de pura gente de cabarét y de teatro, donde la
lesbiandad se ve como algo natural, pero estoy consciente de que no en todos
los casos es así; conozco gente que en su entorno familiar ha sido toda una
tragedia. Sigue habiendo un sector de la población cerrado, conservador.
La apertura sexual es un proceso paulatino en
la sociedad mexicana. Hace 9 años no había muchos lugares gay y ahora hay
muchos más. Ojalá y que lleguemos a un día en que no haya lugares gay, que
cualquiera se pueda besar o agarrar de la mano en la calle y en los
restaurantes, sin problemas. Es estúpido que todavía haya problemas con la
orientación sexual.
Me he topado con chicas que han visto veinte
veces la obra, se han vuelto nuestras fans, están pendientes de nuestros
cumpleaños y de todo lo que nos pasa. Es la reacción de un sector solidario,
de apoyo, porque la obra les llegó y las conmovió. Bellas Atroces era
una necesidad en la sociedad mexicana contemporánea.