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GERARDO GUIZA, TESTIMONIO DE UNA GENERACIÓN PERDIDA

Por Enrique Gómez

Como una necesidad de liberación y de hacer catarsis con sus propias experiencias, el escritor mexicano Gerardo Guiza ha publicado cinco libros (tres de ellos son novelas de temática homosexual), los cuales se han convertido en valiosos documentos testimoniales de la forma en la que se desarrollaba la vida gay de los años 70 y principios de los 80.

Oriundo de Michoacán y con 46 años de edad, Gerardo Guiza habla, en entrevista con Homópolis, de su experiencia como escritor y narra su testimonio como un hombre homosexual perteneciente a una generación perdida y duramente golpeada por la epidemia del sida.

¿Cómo decidiste ser escritor?
Cuando era niño, tenía un tío que escribía y me llamaba mucho la atención cómo tecleaba en su máquina. Ahí me nació la primera inquietud por escribir. Me parecía un reto muy difícil de alcanzar, pero estudié la carrera de Ciencias de la Comunicación y empecé a escribir cuentitos.

En agosto de 1986 publiqué algunos minicuentos en el suplemento El Diario de los Jóvenes del periódico El Día. Ver mi trabajo publicado me motivó muchísimo y me dio la confianza para hacer cuentos cada vez más largos. En total tengo en mi haber cinco libros: una novela costumbrista, tres novelas de temática gay y un poemario. De éste último, Rocío Brouer tomó el poema "No me conformo con nada" y lo grabó en un disco producido por Sony Music.

¿Por qué escribir sobre temática gay?
Yo pertenezco a una generación romántica y comprometida. Quienes vivimos la vida gay en los 70's teníamos otros estilos de vivir la vida, de disfrutarla, era muy usual organizar tertulias en las que hablábamos de arte, política, cultura, cine, literatura, música; bebíamos una copa, café o té; hacíamos muchas reflexoines sobre la vida, el amor, la pareja.

Era muy raro que alguien no tuviera pareja. Si alguien no tenía pareja era porque realmente no quiería teneral. Y es que en cualquier noche podía conocer a alguien con quien hacer un compromiso de largo plazo.

Con mis libros, yo quise rescatar un poco de lo poco que queda de mi generación Hay un hueco generacional enorme, porque muchos de mis contempóráneos ya no están aquí, se infectaron con VIH a mediados de los 80's, cuando había escasa información acerca del virus y no había la cultura de usar condón, así que muchos murieron entre 1992 y 2000. Por eso, mi obra es un homenaje a estas personas.

¿Cómo defines tu obra?
Es una gran crónica, es el testimonio de una generación perdida que ya no se parece a las generaciones posteriores a la mía.

¿Qué influencias literarias hay en tu obra?
No quiero dar nombres porque uno siempre acaba sacrificando a alguien. Tal vez la persona que menos sospecho, me dejó una herencia, un aprendizaje o enseñanza. Han influído en mí muchas historias, libros, poemas y cuentos de diversos autores como Gabriel García Márques, Mario Benedetti, Luis Zapata, Jorge Arturo Ojeda, Herman Hesse, Oscar Wilde. Todos ellos me han cimbrado y me han dejado un enorme aprendizaje.

¿Qué te gusta y no te gusta de tu obra?
Todo me gusta, de lo contrario no lo hubiera escrito. Definitivamente se sufre al escribir un libro, sobre todo cuando está terminado y tienes que presentarlo al mundo. Hay un gozo, pero también una parte de sufrimiento. Es más lo que me gusta de lo que escrito, que lo que me disgusta. Sin embargo, hay quienes me han dicho homofóbico por haber escrito estos libros, pero no soy homofóbico, no puedo estar de espaldas a una comunidad a la que pertenezco. Yo creo que me sienten homofóbico por el hecho de decir cosas que parecen lastimeras, que a veces preferimos ignorar o que a veces queremos no saber y entonces yo sólo he llevado a las hojas lo que ocurre dentro de este mundo. No estoy inventando nada. Estas historias no se gestaron en Marte, sino en el planeta Tierra, en un país que se llama México, en la ciudad de México.



 
                       
                       
                       


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