Por Jorge Ricardo / NotieSe
Si es sana, la religión no
puede ser opio de los pueblos, sino un instrumento que despierte la conciencia
y cure las heridas provocadas por la mala interpretación de las Sagradas
Escrituras, afirma Jorge Gabriel Sosa Moratto, pastor de la Iglesia de la
Comunidad Metropolitana (ICM) en la ciudad de México.
Fundada en Nueva York en 1968
por Troy Perry, la ICM se estableció en México hace 23 años y adquirió
notoriedad a partir la demostración de que religión y sexualidad pueden
convivir en esquemas poco tradicionales y de forma más sencilla.
¿Cómo? La ICM bendice
uniones de parejas homosexuales y heterosexuales bajo el juramento de que
éstas persistan hasta que la muerte del amor los separe.
Aunque la ICM sea más
conocida en el país por realizar este tipo de santas uniones, también
realiza un arduo trabajo para la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual
y transgénero (LGBT), a través de sesiones de oración, creación literaria
y apreciación cinematográfica, entre otras cosas.
Con formación en el Colegio
Samaritano de Estudios Religiosos de las misma Iglesia, Jorge Sosa expresa que
la ICM busca sanar la herida causada por el abuso de las Sagradas Escrituras,
situación por la cual se ha condenado durante siglos no sólo la
homosexualidad, sino toda la sexualidad.
Además, señala, esta
iglesia también pretende curar la herida que se ha causado en el nombre de
Dios a los heterosexuales, a quienes se les ha restringido su experiencia
sexual a la posición del misionero y con la intención de tener hijos.
En entrevista para NotieSe,
revela que el objetivo de la ICM es lograr una reconciliación ecuménica,
primordialmente de la espiritualidad y la sexualidad humanas, a partir de la
conformación, no de una comunidad gay dentro de otra Iglesia, sino de una
Iglesia independiente.
Las uniones homosexuales,
dice, no están permitidas por la Biblia; sin embargo, reclama que ésta
jamás debe ser usada para permitir o prohibir las cosas, sino más bien para
entenderlas. "La Biblia existe para poder entender cómo es el estilo de
vida de una persona que en la plenitud de su humanidad tiene una fe para
relacionarse con su Dios", añade.
Jorge Sosa cree que si Dios
hubiese escrito directamente la Biblia, ésta no sería un "libraco"
tan enorme, pues su mensaje es sencillo, tal como San Juan lo entendió muy
bien y lo expresó con seis palabras (según la Primera Carta de Juan,
capítulo IV, versículo 18): "Donde hay amor no hay miedo".
Y es que, asegura, el amor
echa afuera al miedo; el miedo supone el castigo y quien tiene miedo es que no
ha aprendido a amar. Sin embargo, continúa, la mayor parte de las iglesias se
fundamentan en el miedo.
"Han querido tomar
algunas citas para justificar y decir que de la cintura para arriba la persona
es buena, porque están las funciones superiores: el amor, el entendimiento,
la comprensión y el raciocinio, y de la cintura para abajo es mala porque
está la sexualidad, la carnalidad, el deseo y el instinto. En realidad la
persona es buena de la cintura para arriba y de la cintura para abajo es
mejor, simple y sencillamente porque está completa", sostiene.
Jorge Sosa apunta que de la
Biblia hay interpretaciones bastante torcidas, por ejemplo, el pasaje de
Sodoma y Gomorra. En este caso, explica, la discusión jamás es la
orientación sexual de los pobladores, sino la justicia y la injusticia de sus
pobladores.
El trabajo de Jorge Sosa en
la ICM es también producto de su concepto de Dios: "es el principio
original de todo cuanto existe, un principio que no puede verse como varón o
como un macho". Argumenta que, según diversos estudios teólogos, la
palabra "Yahvé" es un término inclusivo que significa "madre
y padre".
En Dios coexisten, dice, lo
masculino y lo femenino, y eso explica que en Génesis I haya dicho
"hagamos al género humano a nuestra semejanza" y hombre y mujer los
creó. "Sostener lo contrario es querer justificar la supuesta
superioridad del varón sobre la mujer y negar, castrar, la feminidad de
Dios".
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