Por Rocío Sánchez
Nerviosismo, taquicardias,
sudoración, temblores, confusión, propensión al lagrimeo o a la risa
súbita parecieran ser los síntomas de una extraña y violenta enfermedad.
Algunos la consideran una patología; otros opinan que es el estado emocional
perfecto: el enamoramiento.
La nube en la que viaja el
enamorado lo envuelve suavemente y parece protegerlo de todo lo terrenal. Sin
embargo, también puede confundir sus ideas y llevar al amante a tomar
decisiones incautas, oportunidad por demás especial para que el VIH/sida se
aproveche de la pasión amorosa.
El sexólogo Oscar Chávez
Lanz, cofundador del Grupo Interdisciplinario de Sexología y de la
Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología, reflexiona en
entrevista con Letra S, sobre este tema.
"Parece estar claro que
la idea del amor romántico, que emerge del proceso llamado enamoramiento, es
una invención. Antes de Romeo y Julieta, la gente tenía relaciones sexuales
por placer, así como ante la comezón te rascas o ante la sed bebes agua. La
gente podía satisfacer su deseo. Era más una cuestión de ponerse de acuerdo
con alguien.
"Las alcahuetas, como la
célebre Celestina, tenían la divertida tarea de facilitar encuentros. Se
requería de cierta discreción pero no existían aún las restricciones de
los siglos posteriores. La moral restrictiva acompaña a la expansión del
cristianismo. El panorama parece estar cambiando.
"Escuchando
conversaciones o en entrevistas, en general los jóvenes coinciden en que ya
no es tan necesario casarse o establecer un compromiso formal para tener
relaciones sexuales, pero debe haber amor.
"En el discurso moderno,
el amor es requisito (o disculpa válida) para la actividad erótica. Algunos
vemos en este requisito una nueva forma de moralismo, de moralina. La idea del
amor romántico, simétrico, es bonita, pero tiene complicaciones.
"Lo primero que tenemos
que señalar es que habitualmente hay una percepción distinta del término
'amor' en diferentes personas. La diversidad de significados para el mismo
término lleva a que dos personas, hombres, mujeres o uno y una, pueden asumir
que 'sienten eso' mutuamente, aunque para una suene a sacrificio y devoción,
o bien a pertenencia y posesión o a puro placer erótico, o compromisos de
larga temporalidad.
"Pocas veces son
sentimientos similares: aunque se declare 'sentir lo mismo', en realidad las
expectativas no son simétricas; lo que cada quien espera de la pareja o de su
propia persona suele ser distinto, si bien a veces hay cierta correspondencia,
inequitativa.
"Una persona se siente
dueña y la otra asume ser poseída; la hizo suya, dicen, y en estos casos la
persona acepta prácticas que le ponen en riesgo cuando 'ama' a la otra (en
contraste, en el ámbito del trabajo sexual, las prácticas de sexo sin riesgo
son más frecuentes que con la pareja considerada 'estable', pues a la
clientela sí se le pide condón).
"El no protegerse al
tener relaciones con la pareja 'principal' es un tema por sí mismo y los
elementos para desarrollarlo son diferentes. Falta investigar con seriedad
qué es lo que lleva a ello, suponemos que el temor a insinuar infidelidades
es un elemento importante, pero no parece suficiente. En esta conversación,
creo, no íbamos a hablar del amor, sino de otro concepto muy diferente: el
enamoramiento.