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LA PRÁCTICA BISEXUAL EN EL MEDIO RURAL (2)

La puntita del iceberg

Existe una profunda ignorancia en las zonas rurales sobre la prevención del sida. Hay chavos que saben del condón por la tele, pero que nunca lo han usado ni lo usarán porque la farmacia está a tres horas a pie por terracería.

Entonces, es muy importante reconocer que las condiciones en que los hombres están teniendo sexo con otros hombres en nuestro país son: en primer lugar, desinformados; y en segundo lugar, atarantados, ya sea con marihuana, alcohol u otras drogas legales o ilegales.

Pero esto es causado por la homofobia. La homofobia provoca que yo tenga que beber alcohol para poder aceptar que me gusta también otro hombre, además de las mujeres. Otra de las condiciones consiste en un ambiente festivo, de broma, de a ver quien gana, lo vemos en los adolescentes.

Ojalá que pudiéramos enseñarles que los juegos tienen reglas, que implican responsabilidades. También se da el encuentro sexual en situaciones de jerarquía, de poder. El más chingón se coge al menos chingón. Esto puede repetirse en medios homosociales donde viven sólo hombres, como el ejército o la iglesia o en una obra de albañiles en la ciudad de México, como ya ha sido documentado.

Pienso que aún no hemos visto ni la puntita del iceberg de la epidemia de sida entre bisexuales (de donde pasará a mujeres y niños). Pero ¿es esto culpa de los bisexuales? Para nada. Es culpa de la irresponsabilidad causada por la ignorancia y la desinformación.

No hay una sola campaña de prevención dirigida a ellos, regionalizada, como no la hay para los gays o para las mujeres. Sólo hay campañas generales que al querer impactar a todos no impactan a nadie.

Por otra parte, uno de los grandes mitos en las zonas rurales es que el sida no ha llegado al pueblo. Se cree que hay sida en México o en el Puerto de Veracruz, pero aquí en el rancho no hay.

Para instrumentar campañas de prevención de la infección por VIH entre bisexuales hay que buscarlos en cantinas o gimnasios, donde se reúnen puros hombres, o llegarles a través de concientizar a las mujeres y a los gays.

Por otra parte, hay que empoderar al bisexual, fomentar su autoestima; que se dé cuenta de que tiene que exigir su derecho a ser bisexual o mayate y a exigir que se le respete como tal.

Asimismo, hay que buscar que se reconozcan en su lenguaje, no sólo para que nos entiendan, sino para que sientan que les estamos hablando a ellos.

La educación para el placer

Las campañas de prevención deben hacerse con base en investigaciones previas, cuantitativas y cualitativas por cada región y grupo específico. Los mensajes deben ser claros, directos, usando el lenguaje y los marcos referenciales y mitos propios de nuestro público objetivo.

Después, se debe entrar en un proceso continuo de intervención-evaluación-corrección-intervención. Para entrarle a la prevención del sida, debemos hacer a un lado la cultura mortificante con la que se nos educó sexualmente. Aquella que te dice que hay que sufrir y morirse para alcanzar el cielo, que la mujer más abnegada y el hombre más macho son los que aguantan más dolor y por lo tanto se van al cielo. Hay que desterrar la mentalidad estoica.

Para esta cultura, la prevención del sida es espantar, meter miedo, porque el miedo es el vehículo para la educación en una cultura mortificante. Creo que todos tenemos que entrarle a la lucha contra el sida, pero desde una cultura vital, sin ignorancia y sin miedo, no tenerle miedo al cuerpo ni al placer.

Una cultura donde se promueva el placer responsable y respetuoso, no el miedo a la muerte. En la sexualidad humana, la reproducción es la excepción y el placer la norma.

Empecemos a educar el placer, los vínculos, los sentimientos, porque esto es lo que nos lleva a la relación sexual. Si nos quedamos en una educación sexual puramente reproductiva, estaremos educando una parte mgínima de la sexualidad humana.

 



 
                       
                       
                       


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