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VIGOREXIA: ENFERMOS POR UN CUERPO PERFECTO

Por Claudia Yachan / Sentido G

Es una patología psicológica que mayoritariamente se presenta en hombres, pero la vigorexia se está manifestando cada vez más en mujeres muy delgadas que combinan la mala alimentación con ejercicio en exceso para lograr la "imagen perfecta".

Si tú vas regularmente al gimnasio, probablemente habrás visto a alguien que responde al perfil de un vigoréxico: continuas miradas al espejo, dedicación casi exclusiva al entrenamiento y un afán por querer adelgazar con mala alimentación. Los hombres muestran obsesión por verse musculosos mediante dietas ricas en proteínas y el uso de esteroides.

Poco se sabe de esta enfermedad que ha comenzado a instalarse silenciosamente entre quienes buscan desesperadamente la perfección del cuerpo con ejercicio físico.

Para los especialistas, la vigorexia, así como otros trastornos de la alimentación, responde a una misma obsesión por la aceptación social y el culto al cuerpo, según los cánones que dictamina la moda.

La agravante radica en que estas personas desarrollan una ansiedad similar a la anorexia o bulimia, es decir, físicamente están bien, pero desde sus ojos están flácidos y débiles. Por esto, la terapia fundamental debe ser psicológica, a manera de modificar la conducta del enfermo, recuperando su autoestima y superando el miedo al fracaso.

Esta patología, asociada directamente a un entorno en el cual los modelos estéticos a seguir son casi imposibles de alcanzar en forma natural, fue diagnosticada hace 11 años por el psiquiatra Harrison G. Pope, de la Facultad de Medicina de Harvard, Estados Unidos.

El diagnóstico se logró luego de un amplio estudio donde se concluyó que aproximadamente un 10 por ciento de las personas que regularmente van a un gimnasio estarían enfermas.

El fin: seguir bajando de peso a través del ejercicio, la mayoría de las veces con trastornos alimenticios asociados. El límite entre exceso de ejercicio y anorexia es bastante sutil por la similitud de los síntomas, lo que claramente dificulta el diagnóstico.

Otro factor importante que contribuye al "contagio" de la vigorexia es que en los gimnasios siempre verás a alguien que está mejor que tú, por eso empiezan las obsesiones y el intercambio de "recetas", es decir, medicamentos de fácil venta en las farmacias que producen el mismo efecto de un anabólico. Controlarlo es prácticamente imposible.

Dosis mayores de anabólicos derivan en daños físicos muchas veces irreparables: problemas cardíacos, atrofia testicular, disminución de la formación de espermatozoides y distintos trastornos metabólicos.

 



 
                       
                       
                       


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