Por Enrique Gómez
Seductor, amable, atractivo y
siempre con una visión positiva de la vida, Viktor Perseo "El Ruso"
se ha convertido, a sus 34 años de edad, en el acompañante más famoso y
solicitado del ambiente gay mexicano. No es una máquina hacedora de placer,
es un hombre que pone todo de sí para hacer sentir placer a los demás y es
capaz de cumplir las más fascinantes fantasías de sus contratantes.
En entrevista con Homópolis,
Viktor habla de las experiencias vividas durante los diez años que lleva
trabajando como scort y de su reciente incorporación al cine pornográfico
mundial. Además, no se considera un hombre guapo; de hecho, asegura que si se
encontrara en la calle a sí mismo, no se ligaría.
¿Cómo decides dedicarte
a trabajar de acompañante o scort?
En 1994, como a los 24 años, unos amigos del gimnasio me invitaron a dar
show de stripper, primero para mujeres en despedidas de soltera, después para
hombres en fiestas gay. Luego, un amigo me invitó a trabajar en una agencia
de acompañantes y estuve con ellos durante tres años.
¿Cómo compaginas tu
oficio con tu vida sentimental?
La vida sentimental yo la veo más suigeneris. Cuando tengo pareja, no se
trata de una relación convencional, es algo muy diferente a lo que la
mayoría de los homosexuales están acostumbrados La persona con la que esté
de pareja debe ser alguien que me permita todo: irme con los clientes,
ausentarme muchos días para trabajar en provincia o el extranjero, no tener
sexo porque regreso muy cansado de algún lugar.
¿No es peligroso ser
scort en la ciudad de México?
No, yo no lo creo. Por eso no me ha sucedido algo, porque yo no creo que
el acompañamiento sea una actividad insegura. He ido a hoteles de todos los
niveles, desde los que están en La Merced hasta los de Polanco. Yo llego,
toco la puerta, espero que no pase nada malo y no pasa. El 99 por ciento de
los contratantes son bien intencionados. En casi diez años que llevo de scort
sólo dos no me han pagado.
¿Nunca te han amenazado o
golpeado?
Soy fisicoculturista, así que no está fácil que alguien lo haga.
Además, vender tu cuerpo o prostituirte, como tal, no es un delito;
prostituir a alguien más sí lo es, es lenocinio. Si me llevan ante un juez y
me dicen ¿usted vende su cuerpo, su culo y su verga?, yo digo sí. ¿Y para
quién es el dinero?, para mí. ¿Para qué?, para comer. ¿Lo hace porque
quiere y nadie lo obliga?, sí, con permisito, ya me voy... Y como no hay
delito, sólo pueden amedrentar a los que se asustan.
¿Cuáles son las
fantasías más atrevidas que has cumplido?
Muchas, me piden que vaya vestido de vaquero, de policía o de obrero.
Luego me piden que les meta cosas raras por el culo, como el tubo del drenaje
o el de una construcción. Una vez un tipo me pidió que le metiera una aguja
de tejer por el meato urinario y su verga le quedó como salchicha para
fogata, luego se masturbó y se vino. Me piden mucho la lluvia dorada (que te
orinen encima) y hasta me han llegado a pedir el coprofecalismo, yo les cago
en la boca y cuando ven mi mierda se vienen. Incluso, un día un tipo me
ofreció más dinero con tal de que me embarrara mi propia caca y, como no soy
asqueroso, pues tomé mi caca y me la embarré.
¿No te bloqueas
sexualmente con estas propuestas?
No. Mi éxito profesional se debe a que siempre voy a las citas con la
idea de pasármela lo mejor posible, entonces el contratante se da cuenta de
que vengo con buena vibra y quedan muy satisfechos.