Por León A. Sarkis
Por amor, por devoción;
limitadas y motivadas al mismo tiempo por el temor a lo desconocido, porque el
hijo amado no esté condenado a la soledad. Convencidas o no de haber
comprendido la homosexualidad de su retoño, son ellas las que han comenzado a
construir un nuevo esquema de familia para la comunidad gay en México; las
madres y las suegras.
Esos personajes,
insustituibles en el humor del mexicano, en el toma y daca de las decisiones
importantes de muchos que crecen y se retroalimenta de los valores aprendidos
y modificados para superar los obstáculos que la religión, la política y
los convencionalismos han impuesto.
Un proceso largo y complicado
que requiere más que amor, inteligencia y disposición, pero sobre todo una
optimista perspectiva de la vida, como comenta la socióloga Sandra Hendrick.
"Estoy convencida de que
las madres, en términos generales, tienen mayor disposición a aceptar la
homosexualidad de su hij@ que los padres, es una condición que tiene que ver,
y mucho, con el machismo, pero también con la apertura que poco a poco se va
gestando en la sociedad mexicana, una postura que ve hacia el futuro y no se
limita a lo correcto o incorrecto, a una norma o regla".
Pero hay acciones que se
debieron emprender antes de que se confirmara la llegada de la pareja. Para
muchas madres, apoyar a sus hijos fue el primer y gran paso. Desde luego, el
proceso de aceptación de la homosexualidad no fue ni es fácil. Algunas han
empeñado más tiempo del que se piensa, porque en el fondo, consciente o
inconscientemente, hay una lucha de emociones.
Los
testimonios
A esa lucha se enfrenta día
a día Susana, madre de Joaquín: "¡Imagínate tú!, soy hija de padres
católicos, me enseñaron que la principal regla es creced y multiplicaos.
Entonces, pensar que Joaquín rompería con esa regla me rompió todos mis
esquemas, me deprimí y supongo que todas las mamás que han pasado por lo que
yo, y se preguntan lo mismo: "¿En qué fallé? ¿Qué estoy pagando?
¿Cómo lo curo?, porque muchas pensamos que nuestros hijos están
enfermos".
Y entre las preguntas siempre
estuvo la certeza. Joaquín había tomado el destino en sus manos, se había
aceptado y busca su apoyo: "Sí, se lo dije en una reunión familiar a la
que invité a Rogelio, mi pareja. Mi mamá lo conocía, pensaba que era un
amigo de la Facultad, aunque su sexto sentido le decía que había algo más,
pero creo que al decirle mi verdad la ayudo a ella más que a mí, porque
necesitaba un empujón. Ella ya no podía más con la duda".
Sinceridad como factor
detonante y amor sin barreras ayudaron a Susana a ver en Rogelio como un
aliado que hoy se ha convertido en su yerno. "Mi suegra es, luego de mi
mamá y de Joaquín, lo mejor que me ha ocurrido. Vamos juntos al
supermercado, platicamos, nos vamos a tomar un café de vez en cuando, e
incluso ella me da consejos para sortear el carácter de mi pareja, pero en el
fondo, creo que fue el temor el que hizo de Susana una mujer valiente",
comenta Rogelio, yerno de Susana y pareja de Joaquín.
Hay que ser valiente y
desprenderse de egoísmos: "Hoy, después de cinco años, creo que sin
valor no habría podido apoyar a mi hijo, reconozco que si yo hubiera
recurrido al chantaje para presionar a mi hijo, él definitivamente se habría
alejado. Me mueve mucho la idea de no verlo con una mujer y con hijos, pero
finalmente creo que es sólo el deseo de verme consolidada. Ya fui madre y
quisiera ser abuela, pero él es feliz, trabajador y cada vez más seguro de
sí mismo.
Eso me gratifica y no me
equivoqué, no me arrepiento de haberlo apoyado ni de haberle abierto las
puertas de mi casa a Rogelio, que es mi yerno, es como otro hijo para
mi".
A pesar de que en México las
suegras son consideradas socialmente como enemigas de sus yernos, los
psicólogos coinciden en que los hombres (incluyendo a los varones
homosexuales) establecen mejores relaciones con sus suegras que las mujeres,
sin olvidar a las lesbianas.