Por Paulina Millán y Martha
Cuevas *
En pleno albor del siglo XXI,
las mujeres mexicanas seguimos siendo educadas en una sociedad con
expectativas muy específicas para nuestro género. Se espera que nos
convirtamos en esposas fieles y madres abnegadas y que, en general, cumplamos
con el rol que nos han inculcado madres, tías y abuelas.
Aunque es un derecho de
cualquier mujer, la maternidad se ha convertido desde hace ya varios siglos en
una obligación femenina y, culturalmente, en una manera de
"realizarnos" como mujeres. Por eso, pocas de ellas se cuestionan lo
que significa la maternidad; ni siquiera se preguntan si se sienten preparadas
para ser madres o si les gustaría serlo.
Como mujeres lesbianas,
vivimos bajo un estigma diferente. Nuestra preferencia sexual ha sido la base
para que la sociedad nos cierre las puertas a la posibilidad de ser madres,
básicamente porque se piensa que no es "sano" para un niño o niña
el pertenecer a una familia lésbica, o que es algo a lo que simplemente no
podemos aspirar.
Sin embargo, la realidad
mundial ha probado lo contrario. En Estados Unidos, por ejemplo, casi el 50
por ciento de las y los homosexuales crían hijos, lo que representa un total
de 5 millones de madres lesbianas en esa nación.
El hogar
lésbico
Según Merilee Clunis y
Dorsey Green, autoras del libro Lesbian Copules, las familias lésbicas
se pueden agrupar en tres tipos: familias nucleares, con niños que han nacido
de alguna integrante de la pareja o que han sido adoptados por la pareja;
familias mezcladas, con hijos que provienen de matrimonios anteriores de una
de las partes; y familias extra-mezcladas, con hijos que provienen de
matrimonios anteriores de ambas partes.
Socialmente se cree que
niños y niñas deben vivir con una madre y un padre, como si fuera garantía
de estabilidad emocional y de una vida feliz. En realidad, basta mirar
alrededor para encontrar que el modelo papá-mamá-hijos no es el único ni el
mejor, sólo es parte de la diversidad a la que pertenecemos.
Por otro lado, la idea de que
los hijos de padres o madres homosexuales "se vuelven" homosexuales
no tiene sentido, si pensamos que la mayoría de las lesbianas provenimos de
familias heterosexuales, nos educaron bajo este modelo y nosotras no lo
ejercimos.
Aunque es verdad que la
sociedad en la que vivimos dificulta nuestra posibilidad de ser madres o de
educar a un niño o niña, ninguna de las dos cosas resultan imposibles si
ponemos dedicación en ello.
De acuerdo con Joy
Schulenburg, autora del libro Gay Parenting, los niños son
increíblemente flexibles y la mayoría de los hijos de madres lesbianas
están más preocupados por la relación con su madre que por la orientación
sexual de ella.
Muchos hijos y sus madres
lesbianas consideran que es mejor hablar sobre el tema cuando los niños son
pequeños, pues ello evita que se enteren por otras personas o de modo
agresivo. Además, abrir las puertas al diálogo permite a los niños tener la
confianza suficiente para externar dudas, miedos y recibir información.