Por Víctor Velasco
Cualquier persona tiene la
capacidad física de experimentar placer al recibir en el ano la visita de un
pene o de algún objeto que estimule las múltiples terminaciones nerviosas
que posee esta parte final del tubo digestivo.
Hombres y mujeres, homo, bi y
heterosexuales gozan de este placer que, pese a ser una capacidad de todos los
humanos, sólo ha sido disfrutado por algunos cuantos, debido a múltiples
prejuicios y tabúes, así como al desconocimiento de técnicas útiles para
una relación anal con el mínimo dolor, el mínimo riesgo de transmisión
sexual y, sobre todo, con el máximo placer.
El ano está integrado por un
conjunto de tres grupos musculares: el esfínter interno, que es un músculo
formado por un engrosamiento de las fibras musculares circulares del recto; el
esfínter externo, que es un músculo que se divide en subcutáneo,
superficial y profundo; y el elevador del ano, que forma un embudo insertado
en la pelvis, confluyendo hacia el recto.
Con la finalidad de lograr
una penetración anal exitosa, es necesario que los tres grupos de músculos
que conforman el ano se muevan coordinadamente para relajarse, abrirse y así
facilitar la entrada del pene, dedos u otro objeto.
Una manera de lograrlo es
utilizar primero los dedos lubricados para masajear el ano con movimientos
circulares en la entrada.
Una vez que el músculo se
haya acostumbrado a los dedos, se pueden introducir algún objeto cilíndrico
delgado y largo, como un dildo, que es un objeto en forma de pene, que puede
ser plástico o de madera y que preferentemente debe tener un tope o base que
impida ser absorbido por el ano.
Estos objetos podrán ser
cada vez más anchos, a medida que te acostumbres a ellos. Es importante que
tomes en cuenta que no debes introducirte cuerpos que puedan herirte (evita
materiales como el vidrio); por lo que puedes hacer uso de zanahorias o
pepinos, por ejemplo.
Otra manera de flexibilizar
el esfínter anal es a través de un ejercicio muy sencillo que consiste en
simular que se está a punto de defecar, tratar de retener el excremento y
regresarlo hacía el interior del intestino.
Si lo haces periódicamente,
aprenderás a relajar tu ano y a contraerlo a voluntad, lo que te ayudará a
la hora de ser penetrad@ por un pene o un objeto que tú mism@ vayas
introduciendo.
El esfínter responde a tus
estados de ánimo, de manera que entre más tens@ te encuentres, mayor será
la contracción del músculo. Por ello, es deseable que nuestra iniciación en
el sexo anal sea con una persona de toda confianza que nos trate con mucho
cuidado y que, si le decimos que se detenga cuando nos este penetrando, aunque
le moleste, lo haga.
Problemas
asociados con la penetración
Comúnmente, las personas que
son penetradas por el ano sangran, porque existen vasos sanguíneos que se
rompen durante la penetración. En ocasiones el sangrado es interno y sólo se
ve como "rozadura" o "enrojecimiento", pero a final de
cuentas es un sangrado, ya que hubo un desgarre de tejidos.
El sangrado dura según la
capacidad de la sangre de coagular y la profundidad de las heridas. Obviamente
que si el sangrado es notorio y externo, significa que hay una lastimadura
seria y lo mejor será interrumpir en ese momento las penetraciones, hasta que
el ano sane totalmente.