SALUD Y
VIH
HOMOFOBIA
Y SIDA
Por Ricardo Duranti/Sentido
G
De acuerdo con las
autoridades sanitarias, la pandemia del sida en el mundo tiende a
heterosexualizarse. Sin embargo, y sin negar esta posibilidad, es necesario
hacer un examen más minucioso para conocer el verdadero impacto de la
epidemia del sida y saber a quiénes está realmente afectando.
En realidad, sí existe un
aumento en la transmisión heterosexual, pero por otras razones, se exagera.
La primera epidemia de sida
fue de hombres que tienen preferencia homosexual. Al principio, este grupo
representaba el 100 por ciento de los afectados, pero a medida que la
comunidad homosexual se fue concientizando y mientras los otros grupos en
mayor riesgo (lease: todo el mundo) fueron afectados, ese 100 por ciento
comenzó a disminuir.
Se dice mucho que la tasa
más alta de crecimiento es en mujeres o en adolescentes. Lo que pasa es que
es mucho más alta la tasa de crecimiento cuando se pasa de un caso a tres, ya
que el incremento es de trescientos por ciento.
En cambio, cuando se pasa de
mil casos a mil doscientos, el incremento es de sólo 20 por ciento, pero en
términos absolutos es mucho mayor. O sea, los viejos juegos de la
estadística.
Existe un criterio
homofóbico en el manejo del tema, ya que los datos han sido tomados
selectivamente y se niega que la epidemia en hombres que tienen sexo con otros
hombres siga aportando el mayor número de casos absolutos.
Es decir, las instancias
encargadas de atender la cuestión, en un supuesto afán de proteger a los
homosexuales del estigma, han optado por no hacer mención de ellos. Esto es
homofobia pura, pues se dice que hay que combatir al sida porque puede afectar
a mujeres, niños o heterosexuales; o sea, aquella población no rechazada
socialmente.
Por otra parte, los
homosexuales se desenvuelven en la marginación cultural que les impone la
sociedad. En la mayoría de los casos, los varones homosexuales no cuentan con
fuentes de información acerca de cómo comportarse adecuadamente en el inicio
de su vida sexual.
Esta ausencia de información
lleva a la mayoría de los jóvenes gay a no usar protección en su debut
sexual, cosa en la que no difieren mucho de los adolescentes heterosexuales. A
pesar de que el debut pueda parecer similar en los adolescentes de diferente
orientación sexual, en la práctica las cosas no son como parecen.
Las campañas de prevención
están enfocadas a los adolescentes heterosexuales y aquí existe una enorme
omisión: si bien es cierto que hay muchos adolescentes que se infectan con el
VIH, un enorme porcentaje de éstos son hombres que tienen relaciones sexuales
con otros hombres, y tal pareciera que eso se le olvida a las autoridades de
Salud.
Entonces, cuando las
campañas señalan: "Hablemos del sida con nuestros hijos e hijas, una
forma de evitar el sida es el preservativo", si los adolescentes varones
gay no pueden hablar con sus padres de su orientación sexual, ¿podrán
hablar del uso del condón?