Homofobia
en Puebla: crónica de la vida real
Por Abraham Landeta *
Cierto jueves, Luis Alberto
abordó un taxi por el rumbo de la central de autobuses, como era su
costumbre, sin saber aún lo que la noche le deparaba. Esperó varios minutos,
hasta que pasó una unidad de conocida central de radio taxis, pues se dice
que éstos si son completamente seguros y que en ellos no se corre ningún
peligro.
Sin embargo, a tan sólo 5
calles del domicilio de nuestro protagonista, la unidad tomó otro rumbó y
finalmente se detuvo en un paraje desconocido a las afueras de la urbe
angelopolitana.
El conductor del taxi lo
cuestionó sobre su evidente preferencia sexual. Le exigió tener relaciones
sexuales, ya fuera por la buena o por la mala. Al oponer resistencia, Luis
Alberto recibió golpes por todo el cuerpo: cara, abdomen y piernas se vieron
igualmente inundadas de sangre, mientras gritaba pidiendo auxilio a la nada.
La
autoridad
En ese instante, apareció lo
que parecía ser una salida a esta infame situación: una patrulla arribó al
lugar. Los policías afirmaron que lo que en realidad se trataba de una
evidente agresión física, un delito en todo el territorio nacional, tan
sólo era una riña entre amantes.
Fue entonces cuando los
patrulleros se convirtieron en "ministerio público", y adoptaron
atribuciones que no les corresponden, juzgaron la situación y tomaron una
decisión: se negaron a intervenir, determinaron que era una simple discusión
y permitieron que el taxista huyera del lugar.
Incluso, se negaron a
identificarse y recomendaron a Luis Alberto que mejor dejara las cosas así,
porque no querían tener ningún tipo de problema. Dijeron que era muy noche
para ir al Ministerio Público a declarar.
En cambio, ofrecieron su
ayuda "de cuates" y le proporcionaron los datos del taxi para que
él resolviera su problema como pudiera, pero otro día, ya que los jueves
"son días problemáticos en las agencias ministeriales".
La
realidad
Desafortunadamente, durante
las últimas semanas, casos similares de agresión a personas con orientación
sexual distinta a la heterosexual se han venido repitiendo de manera cada vez
más constante en Puebla. En todos los casos parece haber un común
denominador: víctimas menores de 24 años del sector LGBT, que suelen andar
solitarias.
Luis Alberto corrió con
suerte, pues sus heridas, aunque múltiples y de suma gravedad, no le
ocasionaron la muerte, como ha ocurrido desde diciembre de 2003 con 4 jóvenes
a quienes arrebataron, en un acto de homofobia, la vida.
Somos pocos los enterados,
pues el silencio de los medios de comunicación ha creado un espejismo y
pareciera que habitamos una metrópoli donde la diversidad es tolerada y
respetada.
Sin embargo, la realidad
siempre supera a la ficción, ya que cada vez son más las víctimas de
agresiones ocasionadas por la aversión, rechazo, temor y prejuicio contra las
personas que son -o aún sin serlo- "parecen" lesbianas, gays o
transgéneros.