Por Horacio Mejía Fonseca
El 27 de junio de 1969, la
policía de Nueva York hizo una redada en el Stonewall Inn, un bar gay
de Greenwich Village, que finalmente fue clausurado. Este tipo de acciones era
rutinario, pero no lo fue la respuesta, esta vez, de la comunidad gay de Nueva
York.
Algunos parroquianos se
resistieron al arresto. Los testigos enfurecieron. Ladrillos y botellas
atravesaron el aire. Antes de que todo terminara, el bar había ardido hasta
los cimientos y una multitud de furibundos homosexuales había combatido con
la policía toda la noche.
Desde entonces, junio es, con
sus marchas y actividades culturales, el momento obligado para pensar y
expresar la identidad gay, en la conmemoración de aquella legendaria actitud
que transformó simbólicamente la relación entre los hombres hetero y
homosexuales.
Ser gay se convirtió desde
entonces en una manera de expresar el "orgullo" propio de ser
homosexual y el carácter para defenderlo; rechazando las ideas dominantes en
torno a que los homosexuales eran enfermos, perversos o delincuentes,
condenados a la tristeza y la soledad.
Pocas semanas después de la
revuelta del Stonewall Inn, un grupo de activistas creó el Gay
Liberation Front. Al año siguiente se conmemoró en Nueva York, San
Francisco y otras ciudades el Día del Orgullo, con la asistencia de miles de
personas que exigíeron el cese del hostigamiento policiaco y el fin de la
discriminación.
En marzo de 1971, un grupo de
franceses creó el El Front Homosexual d´Action Révolutionaire, que
en su breve vida aportó visibilidad social y política al movimiento,
llevando a discusión la exclusión y la discriminación.
El 27 de junio, este grupo
francés rindió tributo al caso Stonewall de Estados Unidos y celebró
el Día del Orgullo Gay francés. Así nació el movimiento gay en Francia.
En todo el mundo occidental
se empezó a consolidar una serie de cambios sociales que venían empujando
desde principios del siglo XX. Desde el "Verano del Amor", en 1967,
la ciudad de San Francisco, California, se había convertido en la meca de las
experiencias psicodélicas y amorosas.
Para 1973, cerca de 9 mil
personas constituían un floreciente ghetto alrededor de la calle
Castro, conformado por bares, casas de masaje y baños. La ciudad se había
adaptado a estos inmigrantes y desde 1966 las redadas eran prácticamente
inexistentes.
Así surgió una cultura gay,
con un marcado carácter comercial, mientras los militantes probaban toda
clase de manipulaciones del lenguaje hacia la integración de una identidad
positiva, en un lenguaje propio, símbolos (como el triángulo rosa, que
recordaba a los homosexuales asesinados por los nazis) y una serie de
elementos que empezaron a conformar una cultura gay, creada y difundida a
través de revistas.
La comunidad homosexual de
ese primer período fue como un adolescente que, harto del abuso, usó una
fuerza que no sabía que tenía. Fue un período de la expansión mundial de
un modelo que ha ayudado a definir positivamente la homosexualidad; pero que
también ha replanteado una serie de falsos dilemas que ya antes habían sido
esgrimidos para detener a las mujeres y a otros grupos.
El ideario político del
movimiento gay que se estaba gestando consistía en manifestarse (salir del clóset),
crear nuevas opciones de convivencia y placer, y extender redes con otros
grupos preocupados por el cambio social.
Sin embargo, pronto llegó
hasta sus límites ante las resistencias al cambio de las distintas
instituciones del Estado. El ambiente de contracultura y transformación
social se derrumbó con el fín de la guerra de Vietnam, que actuaba como
frente común para los movimientos libertarios.