¿POR QUÉ
DISCRIMINO? (2)
Así, voy a darme cuenta que
no son tan diferentes a mí, voy a poner en tela de juicio mi auto estima,
aquella que precisamente está tambaleándose gracias a la familia autoritaria
que no me enseñó jamás a ser libre, a tomar mis propias decisiones y a
aceptar las consecuencias de éstas y que, seguramente, me humilló y
maltrató.
Desafortunadamente, así son
la mayoría de nuestras familias, en cuyo seno los padres fueron víctimas
también del mismo tipo de trato por parte de los abuelos y éstos, a su vez,
de los bisabuelos.
Maslow afirma que ese
"miedo al conocimiento" es defensivo y constituye una protección de
nuestra propia estimación, de nuestro amor y respeto por nosotros mismos.
Terror me da conocerme a mí
mismo, porque siempre me enseñaron a aparentar lo que no soy y me puse
máscaras para sobrevivir. Si me conozco, me daré cuenta de que bajo la
bondad y perfección que aparento tener existe también mi lado oscuro capaz
de odiar, de dañar y de juzgar a otros.
La ironía es que al
privarnos del conocimiento de otros, de penetrar en el mundo del otro género,
del de una persona con otra orientación sexual, de otra raza o cultura
diferente a la mía, me privo a mí mismo de enriquecerme, porque la
diversidad de todo tipo da riqueza espiritual, amplia las fronteras, me ayuda
a comprender y a empatizar con otros y, por tanto, a respetarlos.
En el caso específico de la
discriminación al homosexual, Marina Castañeda en su libro La experiencia
homosexual es muy clara: "En el temor a la homosexualidad subyace el
miedo muy arcaico y generalizado, que quizás sea universal: el miedo y
rechazo a la confusión de géneros".
De acuerdo con esta obra, la
homofobia tiene varias funciones en los heterosexuales. La primordial es la de
"normalizar" la heterosexualidad y darle un barniz de superioridad
moral que quizás no tenga de otra manera. Pero también permite al
heterosexual negar en sí mismo todo deseo homosexual.
Por eso, considero que los
discriminadores son tan víctimas como los discriminados, y estos últimos
"no están libres de culpa", pues también discriminan a la primera
provocación.
Es un círculo vicioso,
producto de la sociedad enferma en la que vivimos y muy difícil de romper,
pero intuyo que no imposible. Todo es cuestión de eliminar los patrones
arcaicos de comportamiento y de darle la educación y el ambiente de amor
apropiado a esos nuevos bebés que vienen llegando al mundo.
La sociedad tiene que tomar
conciencia del inmenso valor que tiene el comportamiento de la madre, en
primer lugar, y del padre, posteriormente, en la psique del hijo.
Si se ha de dar un paso
adelante en la eliminación de la discriminación en general, es indispensable
estudiar a fondo la psique de este ser biológico tan peculiar y complicado
que es el ser humano, para de ahí partir a elaborar posibles soluciones. El
slogan "No discrimines", de otra manera, es totalmente inútil.
* Autora del libro Sida:
testimonio de una madre.