Ni un muerto más:
homofobia en Tehuacán
Por Abraham Landeta *
Fue un miércoles cuando vimos por última
vez a Alejandro en la ciudad de Tehuacán, Puebla. A sus 18 años, contaba con
un promisorio futuro. Era un sobresaliente estudiante del Conalep, trabajaba
en una tienda de medicina naturista, con lo que ayudaba al gasto familiar.
Al igual que todos los chavos de su edad,
contaba con múltiples amigos y una intensa vida social LGBT. Sin embargo,
hace un mes todo cambió. Al salir del colegio avisó a sus padres que no
llegaría a dormir, pues asistiría a una fiesta en casa de uno de sus
maestros.
Nunca regreso de la fiesta. Al día
siguiente, sus padres iniciaron una frenética búsqueda de su hijo.
Preguntaron en casa de todos sus amigos, buscaron vía telefónica a todo
quien le conociera y hasta colocaron carteles con sus fotos y datos generales
en los postes de luz y teléfono de la localidad.
Todos sus esfuerzos fueron en vano, pues
nadie sabía el paradero de Alejandro. Parecía que la tierra se lo había
tragado. Fue entonces cuando los padres de Alejandro denunciaron el hecho ante
el ministerio público de Tehuacán.
La principal línea de investigación fue
iniciada gracias al testimonio de un mecánico que se presentó a declarar.
Afirmó que un compañero de trabajo, de nombre Benito Hernández, le había
comentado que el día anterior había matado a un "pinche
homosexual" y que solicitaba su cooperación para esconder el cadáver.
Las autoridades se dirigieron al lugar
indicado por el mecánico. Ahí, encontraron huellas de violencia, dos
preservativos usados y rastros de sangre. Pese a la exhaustiva búsqueda que
la policía ministerial realizó en el sitio, no hallaron el cadáver.
Los condones encontrados fueron enviados al
departamento de peritos en criminalística, donde se concluyó que las
muestras de semen y sangre halladas en el lugar pertenecían a Benito
Hernández.
Finalmente, las autoridades solicitaron el
apoyo del Departamento de Bomberos para iniciar la búsqueda del cuerpo en el
interior de un pozo cercano. Al principio sólo hallaron basura, tierra y
bultos de cal. Pero debajo de la cal, encontraron el cuerpo del joven, que
presentaba múltiples hematomas y varios impactos de bala.
El asesinato del joven causó conmoción en
Tehuacan, una ciudad que aunque pequeña cuenta con un colectivo LGBT que
reacciona rápidamente ante estas situaciones.
Grupos como el Club G iniciaron a través de
internet la difusión del hecho y convocaron a una reunión con las
autoridades locales. Afortunadamente, gracias a la movilización que se
realizó y a la oportuna denuncia de los hechos, la infame situación no
quedó impune.
Es increíble que pese a la cantidad de
información que distintos grupos LGBT en todo el país hayan difundido en
materia de prevención del delito contra integrantes de nuestra comunidad,
aún se den este tipo de acontecimientos.
Quizá hace falta encontrar nuevos canales y
medios para hacer llegar esta información a tod@s, en particular a los y las
jóvenes, quienes resultan ser el grupo con más riesgo.
Más increíble resulta que en muchos casos
crímenes con claros tintes homofóbicos sean reducidos por las autoridades a
simples crímenes pasionales. Y aquí todos somos culpables: la ignorancia
sobre el tema por parte de las autoridades, la indiferencia de los ministerios
públicos y hasta quienes hemos sido víctimas, pues no damos seguimiento a
nuestro caso y preferimos olvidarlo.
Si conoces o has sido víctima de violencia
por homofobia... ¡¡¡¡denúncialo!!! Busca a los grupos LGBT de tu
comunidad, quienes te podrán asesorar. Sólo unidos detendremos la
delincuencia. ¡¡¡Ni un muerto más!!!
*Coordinador del Área de Derechos Humanos de
Juventud Alpha
Tel. 044222 103-6872
Mail: landeta@yahoo.com
Web: www.geocities.com/juventudalpha