¿Cuál
es el siguiente paso?
La educación, sin duda. Hablo de adecuar la enseñanza a la
existencia de la diversidad afectivo-sexual en todos los niveles, incluida la
universidad. Es el gran reto del futuro. Pero además hay un sinfín de temas
por trabajar, desde homosexualidad y tercera edad (incluidos los mayores
afectados por el VIH/sida), hasta la prevención policial de la delincuencia
homofóbica, pasando por estudiar el fenómeno de los suicidios entre
adolescentes y la renovación de la lucha contra el VIH/sida entre los más
jóvenes. Además existe el reto social de hacer visibles a las familias
homoparentales y el derecho de adopción, que será piedra de toque de las
leyes que se avecinan en España. Creo que la maternidad lésbica será
nuestra bandera de futuro.
¿Qué
necesitan las nuevas generaciones LGBT?
Las y los jóvenes conviven con otras generaciones que han vivido
experiencias muy distintas en España, desde los que se liberaron de la
dictadura, los que vivieron la algarabía de la liberación sexual, hasta los
que sufrieron la pandemia del sida y los que ya se educaron en el contexto del
preservativo. Ese montón de generaciones juntas tiene la ventaja de poder
compartir vivencias. Aún así, los y las más jóvenes quizá tienen una
valoración de las libertades actuales diferente de quienes conocieron la
antigua represión. Aunque es importante recuperar la memoria histórica del
colectivo y del movimiento, para los y las jóvenes LGBT resulta fundamental
el nuevo asociativismo lúdico, las nuevas revistas tipo Zero y las salidas
del clóset de personalidades que contribuyen a valorizar el hecho homosexual.
Si hemos ganado algo fundamental las personas homosexuales en estos 25 años
en España, es en autoestima.