Primera de dos partes
Por Mario Mendoza
Tratar de hacer una
radiografía de la población homosexual de la tercera edad es un desafío al
destino que irremediablemente apunta hacia la soledad, marginación y vacío;
sin hijos, sin familia y, a veces, con la nostalgia de una pareja estable que
nunca llegó o que fue arrebatada por el sida.
Por años, estas personas se
enfrentaron a un muy hermético clóset que a lo largo de las décadas les ha
cobrado una factura muy cara y que ellos mismos callan, ocultan y se niegan
rotundamente a discutir.
Soledad, incomprensión y
marginalidad es el precio, que en el mejor de los casos se disfraza en la
opulencia de una casa o departamento, en un auto o en una pensión; pero que
al final no alcanza para cubrir las necesidades del cuerpo ni las del alma.
Cuando esta realidad raya en
el extremo, se convierte en cientos de adultos mayores -hombres o mujeres- que
se vuelven indigentes, que son "echados" de su casa, despojados de
sus pertenencias y cancelados para el amor; que viven en la calle y se juegan
la vida entre el hambre, el frío y el sida.
Lucha por
la sobrevivencia
Estudios de organizaciones no
gubernamentales y cálculos de líderes del movimiento gay sostienen que al
menos el 10 por ciento de la población (10 millones de mexicanos y mexicanas)
componen la comunidad homosexual del país; mientras que 2 de cada 10
mexicanos tienen más de 60 años y, por tanto, son consideradas personas de
la tercera edad.
Con base en estos cálculos,
existen en México alrededor de 2 millones de adultos mayores con prácticas
homosexuales, quienes no cuentan con grandes percepciones económicas,
sobreviven con pensiones de menos de 500 pesos mensuales y no cuentan con
servicios de seguridad social.
Peor aún, cuando no tienen
familia, la mayoría de ellos vive en la calle o en asilos, donde al asumirse
como homosexuales deben luchar por sobrevivir y contra la estigmatización y
la discriminación.
En nuestro país no existen
centros de apoyo, asociaciones civiles, organizaciones no gubernamentales o
casas hogar especializadas para las y los ancianos homosexuales; quienes sólo
encuentran techo y comida en albergues para personas que viven con VIH/sida o
bien en centros gubernamentales de ayuda a indigentes, para lo cual es
indispensable vivir en la calle.
El Consejo Nacional de
Población y el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática
sostienen que en los próximos 5 años la población experimentará una
tendencia creciente en personas mayores de 60 años, lo que obligará a los
mexicanos en edad productiva a trabajar y mantener a sus padres y abuelos
ancianos, por períodos cada vez más largos.
Esta estimación coloca a
todos los adultos mayores en una situación por demás difícil, que se agrava
en el caso de ser homosexual o lesbiana, debido a la carencia de una familia,
de hijos que vivan físicamente con ellos y de un trabajo que les permita
acceder a servicios de seguridad social y atención médica.
Los vuelve sujetos
vulnerables, mal alimentados y sin respaldo en caso de enfermedades, así que
much@s deben enfrentar sol@s los últimos años de la vida, que cada vez
serán más pesados por las limitaciones físicas que todos los seres humanos
padecemos en este período.