¿Los
artistas viven más dramáticamente que el común de los mortales?
En un sentido, sí. Pero eso ya se trae, porque tienes las
emociones a flor de piel y las dejas fluir, lo que te lleva a crear. Tiene que
ver con tu historia personal, porque si alguien tuvo una vida de color de rosa
y se quiere poner intenso, no puede. Yo vengo de una familia muy difícil, con
muchos conflictos, entonces estaba cargado de cosas muy violentas. Después,
decidí encauzar toda esa rabia en la danza.
¿Qué
te aplacó ese coraje?
En los inicios de La Cebra yo era muy violento, muy contestatario,
muy activista, pero sentirme querido y aceptado, los aplausos del público y
los teatros llenos, me permitió relajarme. Ya no era necesario estar gritando
ni agrediendo. Ahora vivo mucho más tranquilo, contento, de mejor humor.
Tengo una pareja de dos años, es un fotógrafo de danza, quien me ha
permitido estar mucho más estable y equilibrado.
¿Qué
te inspira para bailar?
La vida, las experiencias, el amor. Antes yo quería hacer lo que
hacían las compañías de otros países, pero con La Cebra me he dado cuenta
de que yo tengo que trabajar por y para México. Ahora estamos estrenando el
Huapango de Moncayo, una coreografía que plasma las fiestas de barrio de San
Luis Potosí, donde salen los bailarines con rebozos, escenifican la quema de
toritos y las mojigangas, muy al estilo de La Cebra.
¿Cómo
fue tu proceso de autoaceptación como homosexual?
Yo fui muy rebelde y muy precoz. Nací en una familia muy
conservadora, muy católica, por lo que siempre fui el rebelde, el que no
estaba de acuerdo. En realidad yo no nunca conocí el clóset, gracias a Dios.
Tuve mi primer novio a los 12 años y me empecé a vestir a los 14 años,
entonces la ciudad me quedaba pequeña y a los 18 años me salí de San Luis
Potosí.
¿En
La Cebra no hay mujeres?
No, nunca ha habido y nunca va a haber, porque es un proyecto que
se inició para varones y ha sido muy funcional. Mi inspiración ha sido a
partir del cuerpo masculino. A lo mejor algún día hago un proyecto con
mujeres, pero no en La Cebra, sino por fuera. En mis inicios trabajé con
mujeres y, de hecho, me gustaría mucho trabajar con las problemáticas de las
mujeres, como el aborto, las muertas de Juárez, las indígenas, la sumisión
y otros temas.