Por Enrique Gómez
A diez años del lanzamiento de Boys &
Toys, la revista gay de mayor duración y posicionamiento en México, su
director general, Arturo Coste, hace un crudo análisis de la parálisis
política y social en la que se encuentra el movimiento LGBT en la actualidad,
y plantea la urgencia de un relevo generacional de liderazgos en todos los
ámbitos de la vida LGBT mexicana.
En entrevista con Homópolis, el también
director de Hot-Map y Q-eros, revistas que cumplen 1 y 4 años
respectivamente, habla de la situación actual del mercado de las
publicaciones gay en nuestro país, y de la necesidad de poner fin al
apoltronamiento de las organizaciones y población LGBT.
¿Cómo nació Boys
& Toys?
Nació de un pleito entre el dueño de la revista Hermes, Aurelio
Hidalgo, y su impresor, ya que le debía mucho dinero. El impresor tomó
acciones de esa revista para cobrarse la deuda y me propuso crear una
publicación gay, así que hicimos una alianza empresarial y la lanzamos al
mercado. El primer número salió el 15 de septiembre de 1994, época en la
que ya existían Hermes, Diferente, Apolo y Del Otro lado, las cuales
desaparecieron meses después por la crisis económica. Boys & Toys fue la
única que permaneció en el mercado, gracias a que había dinero de los
inversionistas para aguantar la crisis. Hoy es la única revista de
distribución nacional que ha durado tanto tiempo.
¿Cuál es la
aportación de la publicación?
Eso lo juzgará cada persona. Yo me invento mi propia aportación
al pensar que en cada edición por lo menos una persona sale del clóset, una
persona vive más tranquila y una persona no contrae sida. Tenemos una
política editorial muy clara de apoyo a la lucha contra el sida y a los
derechos humanos de la población gay masculina. Es una revista para gays, no
para transgéneros, transomething ni transnothing. Es una revista hecha para
mexicanos, que pretende informar y divertir, sin intenciones intelectuales,
políticas o culturales; pero no pretende ser Advocate.
¿Cuál es el mejor
y el peor momento de Boys & Toys?
El mejor momento es cada mes, cuando la veo en los puestos. No hay
peores momentos, sólo hay momentos difíciles y están relacionados con la
complejidad de la economía nacional y la distribución, que es un problema de
todas las revistas del país. Los problemas nunca han sido ni de contenido ni
de posiciones, sólo de negocios. No hemos sido víctimas de la censura ni de
actitudes represivas, ni siquiera con el gobierno panista actual. Existen
muchos prejuicios y siempre los habrá, pero hay que saber cómo manejarlos.
¿Corre peligro la
industria editorial por el Internet?
No lo creo ni remotamente. En países civilizados el Internet no ha
mermado su venta de revista hasta ahora. El problema no es el interés por el
Internet, sino el desinterés por la lectura y la carencia de dinero de la
gente. El Internet es un mercado diferente y veo que nadie se anuncia en las
páginas gay mexicanas, que tienen mucho éxito de crítica, pero muy poco de
taquilla; y en realidad se vive de la taquilla.
¿Cómo ves el
mercado de las publicaciones gay en México?
No veo un futuro halagüeño mientras exista tal prejuicio de las
empresas grandes, mientras estemos limitados a un getho mercadotécnico y
mientras la gente no compre las publicaciones para leerlas. Es un mercado
potencial importante, pero no está fraguado todavía. Las revistas gay
vivimos con muchos esfuerzos y no son los grandes negocios como la mayoría de
la gente cree, porque no existe un sentido de mercadotecnia de parte de los
negocios gay.
¿Cómo se ha
transformado la comunidad LGBT en estos 10 años?
Yo percibo involución, porque en realidad no existe una comunidad
LGBT. Decir que existe es muy pretencioso, porque una comunidad tiene otros
parámetros. Más bien existe una serie de grupúsculos que creen que son la
comunidad, que se creen portavoces, que francamente son una chusquez y hay que
tener sentido del ridículo en la vida para no caer en eso. Veo que no hay
conciencia, veo que todo es alegría y felicidad porque estamos dizque de
moda. Hoy, los bugas dicen de los gay: “¡Qué lindos!”, “¡Qué
simpáticos!”, “¡Qué bien vestidas!”, “¡Qué buenas ideas tienen!”,
“¡Qué delgaditas todas!” y “¡Qué fortachonas!”, pero nada más,
así que todo es completamente superficial.