“De entrada, la pareja
homosexual está en un desequilibrio de poder muy severo respecto al resto de
la población”, comenta Roberto Garda, coordinador del programa de Hombres y
Violencia Familiar del Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias
(CORIAC)
“A mí no se me haría raro
que este ambiente de opresión se tradujera en opresión al interior de la
relación. Así como el negro aprende a odiar a los negros, de repente es muy
fácil que en una relación de pareja alguna de las partes aprenda a odiar lo
femenino o lo poco masculino de la otra parte”.
Humberto Payno,
psicoterapeuta, identifica el abuso económico y emocional como los más
comunes en los homosexuales que atiende.
“Cuando se empieza a decir
‘tú andas conmigo porque te doy dinero, por interés’, comienza una serie
de agresiones que van en contra de la autoestima de la otra persona. Cuando la
otra persona agrede diciendo ‘tú eres alguien que no vale absolutamente
nada, lo que vales es por tu dinero’, el agredido se convierte en agresor y
empieza a desatarse toda una cadena de agresiones mutuas”.
También se puede pensar que
‘yo tengo un buen cuerpo y puedo hacer contigo lo que quiera. Tú tienes tu
llantita y debes ser sumiso y abnegado; tus sentimientos y emociones no valen,
valen mi bíceps y mi abdomen de lavadero”.
Primer
paso: identificar la violencia
Lo primero que debe hacer una
persona para sanar su vida es reconocer que es violento o que está siendo
agredido.
En un país como México, el
abuso parece normal. En las familias de origen de muchos mexicanos, el padre
asumió el rol masculino tradicional de hombre proveedor, macho y violento;
mientras que la madre asume el rol de mujer sumisa y abnegada.
Muchos aprendieron a resolver
los problemas con gritos, golpes o abuso. Y nadie se cuestiona algo tan
común. “Lo queremos disfrazar con un ‘me quiere mucho’, ‘es que está
muy estresado y por eso me grita’ o ‘es que es muy sensible, por eso llora’”,
explica Rosa María Ortiz, coordinadora del Grupo de Madres Lesbianas.
“Cualquiera puede pensar
que por ser dos hombres o dos mujeres no existe violencia, porque somos
iguales. Pero la violencia no tiene que ver con el sexo ni con el género,
sino con el control”, establece. Y agrega: “no es una muestra de amor el
que yo te cele. Es una muestra de mi miedo y es una prueba del control que yo
quiero ejercer hacia ti”.
Segundo
paso: buscar ayuda
Salir de la dinámica de
violencia en la pareja requiere de mucho valor y es necesario contar con ayuda
profesional. A los heterosexuales les da vergüenza que le gente sepa lo que
ocurre en su intimidad, pero para los homosexuales es doblemente difícil.
No se trata solamente de
reconocer que se vive una situación de abuso, sino de aceptar ante
desconocidos que se mantiene una relación amorosa con alguien del mismo sexo
y exponerse a recibir malos tratos y discriminación. También será necesario
vencer otros miedos, como el de perder a la pareja, sobre todo porque se
piensa que es muy difícil encontrar una persona con quién mantener una
relación estable.
¿Qué obliga entonces a los
homosexuales a terminar con estas relaciones y buscar ayuda?
“Generalmente, la decisión
de salir se toma después de un evento de violencia severa”, explica Torres
Falcón. En pocas palabras: cuando el abuso se vuelve intolerable. Pero no es
necesario llegar a tanto.