Por Hugo Hernández
No cabe duda que nadie es
profeta en su tierra, pues mientras aquí se le “chiquitean” méritos,
Astrid Hadad triunfa en grande en el extranjero.
Aunque sea poco a poco,
comienza a cosechar también en su propio país los años de trabajo que
lleva. De los espacios pequeños e íntimos a los que estaba acostumbrada,
Astrid ha saltado ya a las grandes plazas públicas y los escenarios
majestuosos, como la Alhódiga de Granaditas o el teatro Degollado, sitios en
los que ha cosechado enormes éxitos.
Sin embargo, trabajadora,
inquieta, inconforme perpetua como es, no se duerme en sus laureles y su
agenda está llena de proyectos y planes.
“La verdad es que mi
espectáculo es único –comenta-- pues es como si fueran 10 o 15 en uno
solo. Hay vestuarios que había jurado que nunca volvería a usar, pues son
muy complicados; pero cada vez era más la gente que me pedía retomar algunos
de los números que vieron hace años, u otros que les habían contado. Así
que mis espectáculos son hechos a petición del público”.
Verla sobre un escenario es
contemplar un cuadro plástico viviente, en el que la música opera como
flauta mágica para despertar a cada uno de los elementos que integran su
propuesta escénica.
Actriz de cine y televisión,
representante de México en infinidad de festivales, viajera incansable con su
música, que la ha llevado desde Guadalajara hasta Nueva Zelanda, Astrid se
mantiene activa siempre.
Si bien se autodefine como
dadora de placer, cabaretera de corazón y apasionada a morir; los otros la
ven como la más versátil y creativa de las cantantes mexicanas, que con la
misma maestría interpreta una canción ranchera, un tango, un fado o una
rumba flamenca, y viste a cada una con ese estilo suyo, tan sui generis, que
la ha llevado a cosechar triunfos en decenas de países en todo el mundo.
Mujer polémica, mujer
ladina, mujer multimedia, es a un mismo tiempo cantante y compositora,
escritora y diseñadora, pintora y escenógrafa, acróbata y comediante,
actriz e insurrecta, pues en cada uno de sus espectáculos hay un poco de
todas esas disciplinas.
Además, al ser una artista
comprometida con su tiempo, Astrid no limita su actividad a la música y la
actuación. Hay en cada una de sus presentaciones, ya sea como cantante, como
actriz o compositora, el deseo de plasmar su postura política y social ante
la realidad cotidiana.
Por ello, sus espectáculos
son tan aplaudidos, pues hablan de los pensamientos y los sentimientos de los
mexicanos hoy. Y lo hace de manera directa, sin cortapisas, sin hipocresías.
Y como botón de muestra bastan las declaraciones que hizo para la revista
Homópolis
Gobierno:
Hay cierta tolerancia, se puede hablar del presidente, pero la situación
económica sigue muy grave y ha afectado mucho al mundo del espectáculo.
Movimientos
gay: Se ha desarrollado una consciencia mucho mayor de lo que es
ser gay y de los movimientos. Hay grupos que luchan realmente por los derechos
de los homosexuales. Hay una mayor conciencia de cuidarse, de no sentirse mal
por el hecho de ser gay. Hay una mayor apertura. En algo se ha avanzado.
Trabajo:
No distingo entre la vida cotidiana y el trabajo, pues desde que era niña, la
tienda de mis papás en Chetumal y la casa eran la misma cosa. Así crecí y
por eso todo lo confundo.