ENTRETENIMIENTO
BJÖRK:
VOZ Y YO
Por Hernán Ferreirós /
Sentido G
Björk vuelve a la escena
musical mundial con una respuesta a lo ocurrido el 11 de septiembre del 2001: Medúlla,
un disco en el que se rodea de algunas de las gargantas más talentosas del
mundo para explorar el misterio de la voz humana.
El nombre, “médula”,
sugiere algo esencial, básico. Björk explicó que este trabajo es un intento
de regresar a un momento primario, de rescatar algo compartido por la
humanidad desde antes que fuera posible un “choque de civilizaciones”: la
inmediatez de la voz humana.
Aunque el disco contiene
algunas de las sentencias más explícitas de su carrera (la muy citada: “Necesito
un refugio para construir un altar lejos de los Osamas y los Bushes”), su
voz mantiene el misterio encendido, a través de su extraño acento, que pone
distancia de todo: erres vibrantes y eses excesivamente sibilantes,
pronunciadas como si fuera española.
En este disco, Björk
demuestra su capacidad para conmover sin recurrir a la exhibición de la
emoción, para no expresar y, al mismo tiempo, no ser fría. Su voz, su
imagen, ella es etérea y terrena a la vez, directa y compleja, pura y
extravagante, como este disco.
La carrera de Björk es una
búsqueda cada vez más intensa de momentos. Toda su carrera puede ser
simplificada como una ruta hacia la abstracción. Grabó su primer disco a los
11 años. Pasó unos diez más en el conservatorio. Cantó con grupos de rock
como Kulk y The Sugarcubes.
En 1993 lanzó, ya como
Björk a secas, Debut, un disco que contribuyó a borrar las fronteras
entre la música para escuchar y la música para bailar.
Ninguno de sus discos
posteriores volvió a la accesibilidad de éste. Post (1995), Homogenic
(1997) y Vespertine (2001) dieron más pasos en un camino aparentemente
contradictorio: el sonido era cada vez más extraño y más despojado, pero
los discos, más complejos.
Medúlla da un salto
olímpico hacia el final del camino. Es un disco en el que esta doble
prerrogativa –más despojado, más complejo– se lleva al extremo.
Casi todo lo que se escucha
en el disco fue originado por gargantas: la de Björk, la de Rahzel
(integrante del grupo de hip hop The Roots), la de Mike Patton (ex Faith No
More, con una muy extraña carrera solista), la de Robert Wyatt (ex Soft
Machine, uno de los músicos más brillantes de la escena de Canterbury).
Además, están presentes las
gargantas de Dokaka (human beatbox japonés, hombre capaz de crear una
base rítmica completa con la boca), la de Gregory Purnhagen (barítono que
trabajó con Philip Glass) y la de la cantante esquimal Tanya Tagaq.
A ellos hay que sumar el
Icelandic Choir y el London Choir. El disco no es una curiosidad para el libro
Guinness. Björk se permite la aparición de un piano y algunos
sintetizadores, lo que enriquece el proyecto Todas las voces están trabajadas
intensamente con programas de edición digital, por lo que no puede ser
comparado con discos a capella.
Es un disco de música
electrónica, que utiliza procedimientos similares a los álbumes de clicks
& cuts (el dúo Matmos está de vuelta, colaborando con la
producción, junto a Mark Bell de LFO) con muchas voces humanas como fuente
principal.
La cercanía de músicos
electrónicos con esquimales, islandeses y japoneses puede hacer pensar en uno
de esos discos insólitos que agregan beats a un canto tradicional para
ofrecerlo como world music. Esto es más bien another world music.
Aunque la voz es el
instrumento más común, también fue reiteradamente usado para lograr efectos
de extrañamiento sin precedentes. Georg Lygeti compuso una de las piezas
musicales más sobrecogedoras exclusivamente con voces: Lux Aeterna,
popularizada por la banda sonora de 2001, pieza que transmite el encuentro con
la otredad absoluta; para el compositor.