Según
la iglesia ¿el homosexual tiene algo de qué arrepentirse?
Como cada ser humano, el homosexual debe cuestionarse con
sinceridad sobre la bondad o no de sus acciones, el homosexual como todos los
seres humanos tienen la misma exigencia de actuar conforme a la justicia, a la
verdad, a la honestidad y al bien. Por lo tanto, cada uno en consecuencia debe
saber en qué está llamado a conseguir sus actitudes o mejorar sus acciones.
Y nadie es condenado, ni el homosexual cuando realmente ama de verdad en sus
acciones.
¿Qué
opina de la propuesta de hacer valer los derechos civiles de las parejas
homosexuales en el Distrito Federal, a través de las sociedades de
convivencia?
No es una posición oficial de la iglesia al respecto, pero en lo
personal creo que no hace falta. Cuando dos personas mantienen una relación
de cercanía, de amistad, de apoyo mutuo, eso basta para establecer las
relaciones necesarias. Querer que las leyes civiles reglen las relaciones que
libremente han decidido dos personas por algún motivo, en este caso la
relación entre dos personas homosexuales, nos llevaría a la pretensión de
regular las relaciones de amistad, algo que sería absurdo. Los amigos
comparten libre y sinceramente la vida y los bienes más allá de reglamentos
y leyes.
Sobre
la posibilidad de adoptar hijos por parte de las parejas homosexuales ¿qué
opina?
Esto es distinto, porque el punto fundamental es el derecho y la
dignidad de un niño o niña, que nos merece todo el respeto y, por lo tanto,
la búsqueda de su plena realización. No se trata de ver si dos personas
homosexuales o heterosexuales tienen derecho de lograr lo que quieren. Antes
que sus derechos está el derecho de alguien más. Planteémoslo de una manera
muy sencilla, pero muy clara: ¿un anciano de 90 años tiene derecho a adoptar
a un niño recién nacido...? Creo que la respuesta es muy clara, antes que el
derecho del anciano está el derecho del recién nacido.
Humanamente
hablando ¿qué le dice la iglesia a un homosexual?
En primer lugar que es una persona con la misma dignidad de ser “hijo
de Dios” como todos los demás y con la misma misión de realizarse
plenamente buscando el bien, la justicia y la verdad para él y para los
demás. Todos estamos llamados a rechazar lo que nos destruye, lo que nos hace
daño, lo que nos disminuye nuestra dignidad, lo que impide nuestra verdadera
realización y felicidad.