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CUÉNTAME TU
VIDA (3)
El tigre
Toño
Muchas veces los vecinos
jugábamos fútbol, beis, a hacer casitas,
bueno, primero hacíamos los adobes con lodo, o bien hacer arcos y flechas
hacíamos, muchas cosas durante el día; pero todo cambió cuando
el gobierno iluminó la calle donde vivíamos, el día no era solo cuando
había sol,
ahora jugábamos y permanecíamos en la calle hasta caer prácticamente
rendidos.
Nuestra interacción social ahora iba mas allá del deporte y del juego,
platicábamos, teníamos nuestro coro callejero, casi gatuno.
Con botes vacíos de varios tamaños, a manera de tambores,
nuestras vidas se llenaron de ritmos, de voces,
Pronto apareció una guitarra y a escondidas hasta fumábamos.
Una de esas veces, Toño el tigre, al despedirse de mi me dijo que le gustaba
mucho
platicar conmigo, porque yo era como muy dulcecito.
¿cómo dijiste?
-muy dulcecito-
en su mirada observe o sentí una paz de alguien que no busca agredir,
sino describir algo, como si decirme eso fuera lo mas natural.
Yo no sabía que hacer; algo dentro de mi se lo agradecía y
Otra parte de mi me decía que me enojara, que exigiera una explicación,
- ya que los hombres no somos dulces -. Todo fue muy rápido,
Hasta mañana...
Es muy importante saber como
la gente nos ve, después de ese comentario creo que no
pude ser de otra manera con el tigre Toño mas que dulcecito.
A pesar que el tigre Toño murió muy joven y que en gloria de Dios esté,
no murió del todo ya que aún lo recuerdo...
Ahora que estoy corriendo al
revés la película de mi vida,
Me siento como si hiciera un decollage, que al arrancar la última capa de
tiempo,
Apareciera una parte de otro recuerdo, a veces una cara, una mano, o solo los
dedos,
pero siempre solo una parte y hay que ir desvelando poco a poco
porque hay algunos recuerdos cargados de emociones no siempre positivas.
Quién sabe si valga la pena resufrirlos o sepultarlos.
Te caché
...
Una vez me había puesto ese
vestido gris, me había arreglado muy bien, y realmente
me gustaba la imagen que el espejo me devolvía.
Me miraba de frente, de lado, movía los hombros con cadencia, ensayaba mi
mejor
sonrisa y caída de ojos, mas de pronto a mi espalda apareció no se de donde
Golla, una comadre de mi mamá, dirigiéndose a mi con un: "Hola
comadrita"...
Al escuchar este llamado me enderece y no sabía si voltear o no,
Ella se acerco mas y me busco la cara solo cerré los ojos y reconociéndome
solo me dijo:
Mmm te ves muy bien,... sonrió y se fue.
Los siguientes días no la quería ni ver, pensaba que le iba a decir a mi
mamá o a mi papá,
pero parece que no le contó a nadie, y quedó como un secreto entre ambas.
Ese vestido me gustaba tanto que no podía resistir el vérmelo puesto.
Enfundada en el era totalmente otra.
Y volvió a suceder...
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