Aquella mañana cuando me despediste, yo a la
escuela, y tu a el trabajo, yo te pedí como siempre, que me trajeras algo,
mis pedidos eran una forma de exigirte que te acordaras de mi mientras estabas
fuera.
Yo no sabia que tu beso y tu risa, y la
caricia de tu mano serian tu despedida.
Porque a mi regreso solo avisaron que un
accidente te quito la vida. ¿Acaso la muerte no era el final de un largo
camino recorrido? ¿No era acaso el descanso al que los seres llegaban con
arrugas y cabellos blancos?
Pensé que me engañaban, que en cualquier
momento abrirías la puerta para entrar en casa, me tomarías entre tus brazos
y apretándome fuerte me dirías, ¿te asustaste mi nena?
Y yo lloraría, reiría, te pediría que me
contaras un cuento, que me compraras una muñeca, una cartera roja, una
estrella plateada.
Pero la puerta se abría para otros brazos,
otros ojos, te esperaba, corría a cualquier llamado, me quedaba despierta de
noche hasta muy tarde, aguardando tus pasos, ¿donde podía encontrarte?
Por la calle miraba las mujeres, desde lejos
todas se parecían, y al acercarme no eras tú con tu amor y alegría.
Una mañana de domingo me llevaron al
cementerio con un ramo de flores, y al colocarlos sobre tu tumba, supe de
pronto que te había perdido, que era inútil mi esperanza.
Y con un adiós sin palabras, sin
explicaciones te arrancaba de mi lado para siempre, sin quererlo, sin
proponértelo, me habías dejado sola.
Con un montón de preguntas sin respuestas,
con un montón de besos que quería darte, que quería que me dieras, con
flores y en silencio, te dije adiós, y nació la tristeza en mi alma de
niña, una tristeza que vaciaba mis lagrimas cuando en la escuela preparaban
los regalos para el día de las madres, cuando otras madres besaban a sus
hijas.
Alguien me dijo que desde una estrella me
mirabas. ¿Desde cual? Por la ventana abierta me asomaba a el cielo, pero en
ninguna estrella encontraba calor, estaban muy altas, lejos, y mi voz era muy
leve para llegar a ellas. ¿Dónde buscarte mamá?, ¿Dónde encontrar tu
canto?
Ese que me arrullaba cuando pequeña ¿Dónde
encontrar tu risa?
¿Dónde encontrar tus brazos abiertos para
recibirme, guiarme y protegerme?
Sin saber donde hablarte, fui creciendo,
deshojé almanaques, me enfrenté con el mundo, conocí el desencanto, el
fracaso, el dolor, el amor, sin encontrarte madre.
Seguía preguntándome: ¿Dónde será la
cita? Tuve una hija, nació y su primer grito prendió todas las luces del
universo, entonces no sabia aún donde sería la cita, ahora que ella trepa
por mi rodilla, me despeina, se pone mis zapatos llenando de ruido la casa,
garabatea papeles, me frota la nariz con las mejillas, me aprieta la mano
cuando vamos por la calle, ahora que la llamo por tu nombre, que sus pocos
años me renuevan el mundo, acabo de encontrarte mamá, la cita es en los
cantos que le canto, en los brazos que abro para recibirla y estrecharla
contra mi pecho.
La cita es en este inmenso amor de madre que
le brindo, en este corazón que le celebra, aquí te encuentro madre, aquí
estas , queriéndola conmigo, reviviendo esta maternidad que me ha acercado a
ti, que nos ha unido para siempre.