Isabel Medina Rojas.
Después de aquella noche
llena de placeres, de sensibilidad inquietada, mi onírica acompañante se fue
dejándome una lacónica despedida, donde me pedía escribir paso a paso, lo
vivido, lo por vivir, lo no vivible, y al final decía ¿Nos vemos mañana,
pasado mañana? ¡Búscame en la poesía!
La poesía es
extrasensorialidad dolorosa, capaz de trastocar el alma y la muerte, espíritu
que escucha lo ineludible y conoce lo inexistente, que te acompaña hasta los
confines de tu existencia, y que te deja descansar hasta que la última
partícula abandona tus huesos.
El poeta busca amor infinito
que nadie esta dispuesto a brindar, desea amor y amar, quienes le rodean lo
sacrifican al ostracismo de la incomprensión ominosa, al desprecio, similar a
la carroña, que solamente la rapiña suele disfrutar, alimentando su dolor de
sentir la aversión del mundo de sensibilidad grotesca.
El enamoramiento del poeta
esta fuera de toda razón, se esconde en las frías celdas de la racionalidad,
sufre la crueldad de la incomprensión y el encarcelamiento de ese
intersticio, en el umbral de lo real y lo ficticio.
Caminará durante el día con
el paso sosegado del prófugo que desea no ser advertido, y por las noches se
exiliará en el suave cobijo de la soledad, desnudo de poner el mundano
alimento consumido, deberá fingir para sobrevivir entre lo aceptado como
normalidad, y vestir el ropaje mundano de lo irracional.
La poesía como los Dioses
bárbaros, requiere de sacrificios humanos. a mí solamente me corresponde
buscar los mártires, así me dice Polímnia mientras se aleja altiva y
orgullosa de haberme dictado su inmisericorde sentencia...