Entre
los múltiples elementos que conforman la personalidad de un individuo adulto
se encuentran: la educación académica, el ambiente familiar y sociocultural
y en éste último se encuentran nuestros ídolos de la juventud. Actualmente
no hay tales, lo cuál explica muchas cosas y nos indica una alerta a la cual
hay que poner mucha atención, ya que no solo nos sitúa en el umbral de un
vacío ideológico sino que se refleja directamente en la vida cotidiana de
cada persona que en suma conforma nuestra sociedad.
Mas allá de si estamos o no
de acuerdo con determinada persona o ideología que llegan a convertirse en
verdaderos (insistimos: verdaderos) iconos de un grupo de jóvenes, lo
importante es que estos transmiten una serie de valores, principios y lo más
importante, unas enseñanzas que son semilla de una cosa que se llama: Criterio.
Es en este punto donde
queremos detenernos ¿qué es el criterio? Según un diccionario estudiantil
(de esos que se utilizan en las escuelas primarias), el criterio es la norma
para juzgar, estimar o conocer la verdad; también es el juicio o
discernimiento, así hablamos de las personas de buen criterio; y finalmente
es la opinión y el parecer.
Tomemos un caso como ejemplo.
Pensemos en un amigo que tiene la costumbre de "agarrarle las
nalgas" a quien se le antoje. Aquí no estamos hablando de género,
ni de orientación sexual, ni de edad, ni de grupo étnico, ni religión, ni
nada parecido, sólo de una muy mexicana costumbre, tan mexicana como ingerir
todo el alcohol que sea posible para celebrar la independencia nacional pero
eso es otra historia.
Regresando a nuestro caso, si
el amigo tiene una preferencia heterosexual se le justificará argumentando
que es muy macho o que la mujer lo provocó; en caso contrario
se buscará justificarlo esgrimiendo argumentos tales como "tiene
derecho a ejercer su libertad" o (injustificadamente en este caso) el
grito: ¡Discriminación!. Justificar tales delitos nos coloca
en una actitud inmadura, irresponsable e infantiloide que a todas luces
pretende hacer que nos identifiquemos con el agresor y asumir el papel de
víctima, lo que nos sitúa en posiciones muy cómodas (aparentemente) pero
que ha hecho mucho daño a diversos sectores de la población, ya que a base de
quejas se espera que llegue alguien que solucione sus problemas.
Esto me hace recordar y citar
a uno de mis héroes en la juventud: "Quien es auténtico, asume la
responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es"
decía Jean-Paul Sartre. Así que no se necesita mucho sentido común para
entender que el acosador sexual debe asumir las consecuencias de sus actos en
donde el ideal sería el castigo que las autoridades competentes dictaminen,
pero tampoco nos debe de sorprender que sea agarrado a bolsazos. Aquí
también requerimos criterio: no estamos haciendo una apología de la
violencia ni creemos en la ley del talión, pero debemos de entender que es muy
difícil que alguien reaccione con serenidad ante un ataque a su persona.
Seamos congruentes
(algún día hablaremos de la congruencia): si queremos ser tratados con
respeto debemos de respetar. Si queremos cambiar nuestro entorno debemos
empezar por nosotros mismos y así demostrar que somos personas serias y con
criterio. El ser rebelde no está peleado con las buenas maneras.
Editoriales anteriores:
Una
bienvenida al futuro
Hombre esquizoide del siglo XXI
Un momento decisivo
Un motivo muy especial
Desde hace 25 años
Siéntete tranquilo: la PFP vigila