"Transfobia
dentro de la comunidad Lésbico-Gay-Trans Género" (2)
Esta falsa pero difundida
creencia influye de manera determinante en el travesti para tratar de
apartarse de lo que presupone una promiscuidad implícita y obligada, pues
consciente de su forma de ser, de pensar y de sentir no responde a sus
emociones internas, comentaría alguno de los asistentes.
La idea del travesti como un
homosexual dispuesto para sexo inmediato, como un homosexual promiscuo,
indigno de respeto, dijo Hazel, es reforzada constantemente por conductores de
programas de radio y televisión poco serios que con la difusión del tema
buscan aumentar el rating, contribuyendo a fortalecer una idea distorsionada
sobre esta forma de ser, afectando no sólo el bagaje cultural del público
"estándar", sino sobre todo del travestista carente de la
información necesaria para entender qué es lo que sucede a su interior, como
expondría otro de los asistentes.
La fobia en contra de los
travestis se refleja de múltiples maneras, siendo, quizá, las más graves
aquellas que la persona debe afrontar en su entorno familiar o en su centro
laboral donde no es extraño que sea víctima de hostigamiento y despidos
injustificados por el simple hecho de ser travestista, comentaría en su
oportunidad Karla Miranda, quien con la representación de la
organización www.saldelcloset.com, página dedicada a todas las
manifestaciones de la diversidad sexual y genérica, nos acompañó en el
evento.
Previo a la participación de
Karla Miranda, Augusto Molina quién durante los últimos cuatro años
ha participado de manera activa en la organización de la marcha del Orgullo
Lésbico-Gay, Transgénero y dirigente del Foro de Hombres Gay, también
narró su experiencia personal que, al igual que muchos homosexuales, debió
sufrir durante su infancia un constante rechazo que le impidió además
concluir su formación académica.
Pero el rechazo sufrido por
Augusto a consecuencia de su temprano travestismo sería equiparable al
padecido por uno de sus hermanos que a consecuencia de los aparatos
ortopédicos necesarios para su existencia lacerada por una malformación de
su columna vertebral, igualmente se vio segregado por la comunidad en la que
transcurrieron sus primeros años de vida en un estado de la República, que
aún cuando lo mencionó por su nombre, no tiene caso citarlo en estas líneas
pues pudiera interpretarse como que sólo en ese lugar surgen situaciones de
esta índole, cuando sabemos que ocurren lo mismo en las más pequeñas
comunidades que en las grandes urbes de los países presuntamente más
desarrollados.
Quizá un poco apartado del
tema central pero sin perder el propósito de su exposición, Augusto Molina,
comentó cómo en algún momento de su experiencia travestista observó un
cambio radical cuando, por razones inexplicables, dejó de sentir el deseo por
vestir de mujer para asumir de manera abierta una homosexualidad en la que el
fin fueran individuos masculinos atraídos por individuos masculinos.
En su actual labor de apoyo a
jóvenes gay y lesbianas, Miranda ha notado cómo son pocos los travestis que
se han acercado a él en busca de información y orientación, y, cuando
llegan, la mayoría predominante tiende a rechazarlos, a considerarlos
indignos de participar incluso en la comunidad homosexual, interesante
observación que bien puede ser motivo de una reflexión más profunda, pero,
por desgracia, revela la fortaleza de la idea de que es dentro de la propia
comunidad donde mayores y más severos pueden llegar a ser las fobias y
cuestionamientos en contra del travesti.
La conclusión parcial de
esta observación fue construida de manera conjunta por ponentes y publico
asistente: es el propio individuo quien tiene el principal compromiso de
trabajar para alcanzar su propia auto aceptación, partiendo de la idea de que
mientras él sea incapaz de aceptar su identidad, nada podrá hacer para ser
entendido por quienes le rodean.
Como en muchos momentos de la
vida, durante el transforo la pregunta surgió en forma espontánea: ¿qué se
puede hacer para desterrar aquellos prejuicios en contra del travestí o de
cualquier otra minoría sexual? La respuesta tentativa: replantear la
educación. Una pregunta consecuente quedó en el aire: ¿cómo, dónde, con
qué elementos, replantear la educación?